Santa Cruz despide a una eminencia: murió el primer cardiólogo de la provincia y un apasionado del golf
Eduardo “Lalo” Harris llegó a Río Gallegos en 1962 con una valija y un electrocardiógrafo. Es célebre también por impulsar el club de golf local, cuya cancha lleva su nombre. Tenía 87 años.
Santa Cruz y especialmente su capital Río Gallegos están de luto tras el fallecimiento de Eduardo "Lalo" Harris, el médico que introdujo la cardiología en la provincia patagónica y marcó cinco décadas de medicina con un profundo compromiso humanitario, siguiendo los pasos del célebre René Favaloro. Tenía 87 años.
Apasionado de los deportes y la aventura -desde la pelota a paleta hasta aeronáuticos- Harris no solo fue el una eminencia médica en Santa Cruz. Con una intensa vida social, fue uno de los fundadores y un gran promotor del Río Gallegos Golf Club, cuya cancha lleva su nombre en reconocimiento a su labor en el desarrollo de un juego que también lo apasionaba.
Ante la noticia de su muerte, el club expresó "con mucho pesar y dolor" el acompañamiento a la familia de su socio fundador. "Lalo no solo fue socio fundador: es el responsable principal de animarse a impulsar un nuevo deporte en nuestra ciudad y de consolidar el proyecto, de puertas abiertas, como nos inculcó", destacó la institución en un comunicado.
El Colegio Médico de la Provincia de Santa Cruz, en tanto, lamentó "profundamente el fallecimiento del Dr. Eduardo Harris (M.P. 35), uno de los primeros cardiólogos de Río Gallegos y pionero de la medicina en nuestra provincia". La institución extendió condolencias especialmente a su hija, la Dra. Patricia Harris, también médica y miembro del colegio durante años.
Los restos eran velados este miércoles en la capital santarcuceña y la despedida se prolongará mañana, hasta que a las 14 se inicie el cortejo fúnebre para la inhumación de sus restos en el cementerio local.
Nacido el 6 de febrero de 1938, hijo del bioquímico Julio Alberto Harris y la maestra Dora Dapeña, el futuro cardiólogo se formó en la Universidad de Buenos Aires. "Desde chiquito, quise ser médico", había confesado en una entrevista con La Opinión Austral el pasado 15 de junio.
En esa oportunidad, acaso premonitoriamente, dejó una definición como legado para las generaciones de médicos que lo suceden en la profesión, y que sintetiza su trayectoria. “La medicina había que hacerla humanitaria… Aconsejaría que sean humanitarios en la medicina que practican", dijo evocando lo que solía aconsejar Favaloro, y que él hizo propio en cada paso de su carrera.
Su vocación por la cardiología se definió durante las guardias en el Hospital Ramos Mejía, en la Capital Federal. "Los miércoles, me escapaba de la guardia e iba a ver electrocardiogramas, a escuchar soplos… me gustaba la cardiología", recordaba.
Con 24 años, de Buenos Aires a Santa Cruz
En 1962, con apenas 24 años, llegó a Río Gallegos desde el Hospital Aeronáutico de Pompeya portando únicamente una valija y un electrocardiógrafo. Ese equipamiento resultaría fundamental para una provincia que carecía de tecnología especializada y profesionales del área.
"Era el único cardiólogo en la provincia. De Puerto Deseado para abajo agarraba yo, y de Deseado para el norte, Comodoro Rivadavia", explicó sobre sus inicios en la Patagonia. Su trabajo se multiplicaba entre el hospital público, sanatorios privados y su consultorio particular en Fagnano 38, en Gallegos.
Harris fue mucho más que un especialista reconocido: se destacó como un auténtico constructor del sistema sanitario provincial. Integró equipos privados, participó en la creación del Sanatorio del Sur y posteriormente en el proceso que derivó en Medisur (1978).
Su aporte más significativo, quizás, llegó en la nefrología local. Junto al Dr. Fernando Peliche, impulsó la atención de diálisis en la capital santacruceña y creó DIALCOR,.un centro de diálisis que, con modestia, solía decir que surgió “como un accidente”.
Todo surgió de una urgencia médica: "Se nos morían pacientes que venían de Río Turbio, de la mina", explicaba. Los pacientes llegaban "muy destruidos" desde localidades alejadas, lo que los motivó a gestionar un riñón artificial, capacitarse y sostener un servicio clave. El “accidente” les transformó la vida de muchas familias santacruceñas.
Golf, aviones y pacientes
La medicina fue lo que lo trajo a la Patagonia y el eje central de su vida. Pero Harris tenía muchos intereses más. Participó del Aeroclub Río Gallegos, fue socio del Club de Leones y del Club Británico. Practicó pelota a paleta en el Atlético Boxing Club y también jugó al squash.
Su pasión por la aeronáutica lo llevó a obtener la licencia de piloto civil privado. De algún modo también la convirtió en un deporte. Y en el 2000, ya sexagenario, ganó una competencia de aterrizaje de precisión en Tolhuin, en Tierra del Fuego.
Tanto en el deporte como en su profesión, su vocación por formar equipos marcó un estilo de liderazgo. Exigente para reclutar profesionales —"Yo no voy a traer a cualquier zángano", decía—, confió en colegas a los que formó, impulsó y luego elogió y reconnoció públicamente.
Harris defendía una filosofía simple sobre la relación médico-paciente: "Los pacientes siempre son buenos, son sufrientes. Saben buscar y reconocer al buen médico, y después lo siguen", decía.
Entre las anécdotas que lo definían, recordaba especialmente a Montes, un español al que atendió por un infarto en su domicilio cuando no existía unidad coronaria. "Salió bien, contento, y me dijo: 'Tenés un boleto ida y vuelta a España, quiero invitarte a mi casa'… y después se murió". Lo contaba con la naturalidad de quien se dedicó a salvar vidas y tratar humanamente a las personas, sabiendo que la ciencia médica, siempre, es un desafío y tiene sus límites.
Te puede interesar...











