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La Mañana Caso Ávalos

Caso Ávalos: lo que muestra y demuestra el VHS de Las Palmas

La pericia al video permite reconocer a los miembros de la seguridad y sus manejos, además se advierte que hubo ocultamiento de evidencia.

El análisis de expertos sobre el video de las cámaras de seguridad de Las Palmas ha permitido reconocer al personal de seguridad y la metodología de control de ingreso y egreso al boliche. Datos significativos a la hora de reconstruir lo que ocurrió con Sergio Ávalos.

Otro de los hallazgos, que permitió el estudio del video, es saber lo que pasó realmente con los registros de seguridad, derribando así el mito de que la cinta se cortó minutos antes de que Sergio ingresara al boliche la madrugada del 14 de junio de 2003. ¿Hubo ocultamiento y destrucción de evidencia? Flota en el aire una única respuesta posible.

Las piezas del rompecabezas comienzan a encajar y es complicada la situación para muchos. De hecho, los querellantes Sergio Heredia y Leandro Aparicio tienen una lista de posibles imputados que ronda las 40 personas entre ellos el dueño Pedro Nardanone, el encargado Patricio Sesnich, toda la seguridad y empleados del local.

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La seguridad

Las Palmas funcionaba en Primeros Pobladores al 2000. Era propiedad del oscuro empresario de Villa Regina, Pedro Nardanone, que desde 1994 tenía el boliche, que lo puso en funcionamiento mediante una excepción municipal, y luego lo paseó por un clos de sociedad con el único fin de evadir responsabilidades y pagos. Entre ellos, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (Sadaic) lo persiguió durante siete años al reginense por una deuda del boliche y sus dos radios que en agosto de 2003 ascendía a 644.984 pesos, una fortuna en ese entonces.

Nardanone asoció, en junio de 2002, a su yerno, Patricio Sesnich, un joven esbirro con muchas ansias de pertenencia a círculos de poder.

El inmenso local de 1200 metros cuadrados, al que podía ingresar 6000 personas, contaba con seguridad privada, es decir, mano de obra profesional y no simples patovicas.

En sus filas tenía efectivos de la policía neuquina que realizaban adicionales y que supuestamente estaban solo afuera del boliche. Pero las cámaras revelaran que no era así.

En el interior, había un chileno, ex militar pinochetista, y cinco militares en actividad del Batallón de Ingenieros de Montaña 6 de Neuquén.

Los militares en actividad no podían brindar servicio de seguridad porque estaba prohibido por ley.

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El primero en reconocer “las changas ilegales”, fue el teniente coronel Walter Ovidio Temperini, jefe del batallón, en un informe que remitió a la justicia neuquina el 26 de junio de 2003, a los pocos días de la desaparición del estudiante oriundo de Picún Leufú.

Esta ilegalidad, no fue tenida en cuenta en su momento ni por la justicia ni por el municipio. Recién cayeron en la cuenta, cuando lo denunció el abogado Sergio Heredia tras asumir la querella en 2019.

El 25 de junio pasado, LMN dio a conocer un testimonio exclusivo de un ex funcionario municipal de la época, que luego ratificó ante la Justicia Federal en una testimonial, donde contó que la Policía les había dicho que los militares eran retirados y además reveló aprietes extorsivos que sufrió por parte de Sesnich una vez que Las Palmas fue clausurado tras la desaparición de Ávalos.

Empleados del boliche en sus testimoniales, revelaron que “Sesnich sabía todo lo que pasaba dentro del boliche” y se encargaba, además, de dar las directivas a los policías y militares.

A la vigilancia del boliche, se sumaba un complejo sistema de 40 cámaras que eran visionadas desde la oficina de Sesnich y la empleada Teresa Monsalve se encargaba de cambiar la cinta una vez que concluía. El sistema hasta contaba con una alarma que advertía que se había acabado el caset.

Las cámaras no solo registraban el movimiento del local, también tenían la finalidad de controlar la caja de entrada, las barras y el guardarropa. Todo lo que reportaba un ingreso de dinero. Nada estaba librado al azar, existía un control extremo.

¡Sospechá!

En las antiguas redacciones, donde se fumaba y tomaba ginebra a la hora de cierre, los viejos periodistas daban un consejo vital a lo que éramos novatos: “Pibe, si te dicen: ‘¡qué buena pregunta!’, desconfía, porque seguro les diste pie para que hable de algo que se siente cómodo”.

Llevada esta pequeña anécdota al campo de la investigación criminal, hay elementos que, si se consideran que son claves, se pide una orden al juez para allanar y secuestrar absolutamente todo. Pero, si solo se pregunta y se espera que se entreguen las evidencias de forma voluntaria, algo está mal y estamos obligados a sospechar.

De acuerdo al expediente, el 18 de junio de 2003 la Comisaría Segunda hace un informe dirigido al Departamento de Seguridad Personal donde da cuenta que se le requirió a la empleada de Las Palmas, Teresa Monsalve, el video de seguridad correspondiente a la noche del viernes 13 y madrugada del 14, ya que un empleado del boliche había entregado en dicha dependencia, sin ser registrado, el caset de la noche del sábado 14 y madrugada del 15.

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Respecto al caset solicitado, Monsalve dijo que “no contarían con el video de seguridad correspondiente al día viernes en razón que en la oportunidad se habrían quedado sin material”, esto figura en la foja 17 del primer cuerpo de la causa Ávalos.

El 19 de junio de 2003, el Departamento de Seguridad Personal, con el comisario Osvaldo Almendra a la cabeza, acompañado por Asunción Ávalos, inspeccionó el boliche ante la presencia del encargado, Patricio Sesnich.

Se hizo un rastrillaje con una perra adiestrada en busca de rastros, pero según el informe: “no se obtienen elementos de interés”.

No obstante, se vuelve a insistir con el caset requerido y de ello se dejó constancia en el acta: “Monsalve, nos hace una aclaración, que no sabe si fue el día sábado o domingo que sonó la alarma que indica la finalización de la cinta y al cambiar el caset se encontró que no tenía caset rebobinado ni otro caset virgen, por lo cual desde ese horario (sábado 2:48:05) no se realizó grabación”.

Casualidad o no, Ávalos y sus amigos ingresaron a Las Palmas entre las 2:55 y las 3:05, pero de eso, según el boliche, no hubo registro, pese a lo meticuloso y obsesivo que era Sesnich para controlar todo.

Por cierto, que se quedaron sin caset para grabar lo advierten tras la denuncia de la desaparición del joven de Picún Leufú.

A 19 años de la desaparición del estudiante y con el expediente sobre la mesa, es sospechoso que solo se haya solicitado el caset verbalmente en vez de allanar y secuestrar todo. Porque al secuestrar todo, hubiesen podido acceder a los caset de todas las noches que grababan, quedando en evidencia que había procedimiento mecánicos que realizaban por lo que habría quedado expuesta Teresa Monsalve con su excusa de la falta de caset.

Además, investigadores calificados creyeron en los dichos de Monsalve sin sospechar nada. ¡Raro!.

No obstante, hay un develamiento incomodo que han realizado expertos que peritaron el video este año.

Los 12 cuerpos de la investigación que no logró dar con ningún rastro de Ávalos, visto con vida por última vez el 14 de junio de 2003.

Derrotero del VHS

La cinta VHS en cuestión, la que entregaron, sufrirá un derrotero que permite comprender que hubo cuestiones investigativas de primera hora que no se realizaron o les restaron importancia.

Pero con los avances que se han registrado en la causa, las sospechas de un desvío o negligencia de los investigadores que intervinieron en el caso, es algo demasiado obvio.

“Sobre ese video que tenían que observar y peritar dos oficiales, solo se buscó ubicar a Ávalos, cuando Ávalos había ingresado posterior al horario en el que se corta la cinta. En ese video no se observó el movimiento del personal de seguridad ni nada. Ese informe lo firman el oficial Rubens Fabián Rebuffo y el sargento Daniel Quiroga”, confió Heredia en diálogo con LMN que adelantó que pretende citarlos para tomarles testimonio delante del juez y la fiscal federal.

Ese casette, que prácticamente descartaron los investigadores, ingresó en una de las cajas del frondoso expediente Ávalos.

Cuando la causa pasó en noviembre de 2014 a la Justicia Federal bajo la carátula de “desaparición forzada de personas”, delito continuo que no prescribe y prevé la pena de prisión perpetua, el VHS estaba desaparecido al igual que Sergio.

Días antes de la marcha a 12 años de la desaparición forzada de Ávalos, en 2015, “el caset de video apareció en una caja en el Departamento de Seguridad Personal de la Policía”, recordó a este periodista un viejo funcionario del poder judicial neuquino.

El propio titular del Ministerio Público Fiscal, José Gerez, se encargó de llevar y entregar el VHS en mano al juez federal Gustavo Villanueva.

Desaparición de Ávalos en Las Palmas.mp4

Pericias e impericia

La querella remitió a Buenos Aires para peritar un CD con el video digitalizado en el que se observa una pantalla con cuatro cámaras: el frente del boliche, la zona de ingreso y egreso tomada por dos cámaras enfrentadas y la última que estaba en el guardarropa.

La experta que analizó el video formuló un informe técnico para el cual no solo observó las imágenes sino también el expediente judicial. Por primera vez, se hizo una pericia contextualizando el derrotero del caset.

En la explicación sobre el sistema de vigilancia de Las Palmas se dejó en claro que las cámaras se conectaban a un multiplexor que permitía combinar señales y ver en un monitor varias de las cámaras. En este caso cuatro.

Ese multiplexor se conectaba a su vez con una VCR, que es una videograbadora por lapso de tiempo (time lapse) una tecnología que permite grabar determinados cuadros de imagen por segundo.

En 2006, cuando la causa todavía estaba a cargo de la fiscalía de Graves Atentados contra las Personas (GAP), el jefe de la División Coordinación Operativa de la Dirección de Delitos explicó que no contaban la tecnología time lapse, pero advirtió que el Servicio de Investigaciones de Fiscalía (cuerpo 9, página 101, archivo b) sí disponía de dicho equipamiento, pero nunca se realizó el visionado. ¿Motivos? No figuran en el expediente.

Ya en manos de la Justicia Federal se busca hacer un “análisis de integridad” (cuerpo 13, página 238) pero advierten que “se requiere el equipo que originó las imágenes” y agregan que ellos no cuentan con este tipo de casetera.

Acá, es donde queda a la vista el pecado original de la justicia local en la causa Ávalos. No se allanó como era debido Las Palmas, secuestrando las videograbadoras y todo el sistema de monitoreo. Además, se tendría que haber inspeccionado el boliche con especialistas que establecieran cuantas cámaras había, qué se grababa y cómo funcionaba todo el sistema.

Todo eso que no se hizo en su momento, generó una brecha en la investigación que ahora se está intentando resolver, gracias al avance tecnológico y el conocimiento de los peritos intervinientes.

Vale recordar, que, en 2018, la digitalización del VHS la realizó el Grupo de Criminalística y Estudios Forenses del Escuadrón 34 de Bariloche de Gendarmería Nacional y lo hizo con una grabadora hogareña a falta de los equipos originales (cuerpo 18, página 22).

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¿Eliminaron prueba?

En el cuerpo 15, página 15 del 2015, figura el análisis que se realizó del video y se describe lo que se visualiza en tres segmentos que corresponden a los días 7, 8 y 14 de junio.

Para que se entienda, el boliche ponía un caset que grababa poco más de dos noches completas, en promedio unas 15 horas.

“El informe no lo menciona en ningún lado, tal vez porque es una obviedad, pero debería decirlo: cuando la grabación finaliza el 14 de junio de 2003 a las 2:48:05, es porque la cinta finaliza. Es necesario una nueva pericia que detalle y describa la correlación longitud cinta contenido”, detalló la experta que remitió el informe este año a la querella y que ya fue presentado a la Justicia Federal.

Es decir, el video no habría sido manipulado como se presumió al principio cuando se habló de un corte, sino que se terminó la cinta algo que dijo Monsalve, pero que negó que hayan puesto otro caset.

A la hora de las especulaciones sobre elementos ciertos, por las conductas de control que había en el local, es de suponer que se introdujo otro caset y quedó grabado tanto el ingresó de Ávalos y sus amigos, como la salida a las 7 de la madrugada cuando Sergio tira sin querer la ticketera y los de seguridad lo golpean y se lo llevan a la enfermería, que será su destino final.

Pero ese caset nunca fue aportado a la Justicia, por una cuestión simple, los comprometía, por eso siempre negaron su existencia.

Esta es la hipótesis que maneja la querella de Ávalos: “Es claro, la gente del boliche vio el video, vio que Sergio había entrado y como después a la salida lo golpeaban por tirar la ticketera. Ese video los incriminaba por eso lo destruyeron. El grave error fue no allanar y secuestrar todo ni bien se recibió la denuncia. Se le dio mucho margen al boliche para eliminar evidencia”, sentenció Heredia quien también insistió con el silencio cómplice de los amigos de Ávalos, ya que para ellos está probado que observaron cuando los de seguridad lo atacaron a Sergio y por los motivos que fuera -los jóvenes- decidieron callar, permitiendo que tras 19 años recién se esté pudiendo develar lo que ocurrió esa madrugada.

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¿Qué ves cuando me ves?

Observar y contemplar los detalles es uno de los fundamentos investigativos básicos.

¿Por qué no se hizo esto con el video, el único que entregó el boliche en su momento? Las respuestas sencillas están al alcance de cualquiera, las complejas que dan forma a una trama mucho más perversa están tomando forma.

El boliche tenía un encargado obsesivo y controlador: Patricio Sesnich.

Sesnich estaba siempre con un Handy a mano por el cual le avisaban de cualquier situación dentro y fuera del local.

Por los monitores a los que estaban conectadas las cámaras chequeaba las cajas y no permitía que en las barras se regalara ni un trago. De hecho, la ticketera que estaba a la salida era para que devolvieran el ticket del vaso utilizado o lo pagaran.

El obseso control existía y por eso tenían a su vez personal de seguridad, militares y policías. Además, para evitar sanciones municipales por el incumplimiento del horario, tenían arreglado a un empleado municipal que figuraba dentro del staff del boliche. En el video está más que claro que nunca cerraban a las 6 como lo establecía la ordenanza. Otro aspecto que se le pasó a los investigadores.

Pero volvamos al trabajo exhaustivo que hizo la querella y que obviaron realizar los pesquisas comandados por Almendra.

Las imágenes permiten observar que existía un sistema de control al ingreso y al egreso del boliche.

En testimoniales que se tomaron en este último periodo en la Justicia Federal, se pudo identificar, producto del mejoramiento de las imágenes de video, a cada uno de los guardias que tenían puestos de control fijo, con tareas establecidas al igual que horarios.

Es simple, viendo con detenimiento se pudo establecer no solo la identidad de cada uno de los guardias sino también comportamientos.

El filtro para entrar al boliche, es decir el criterio del derecho de admisión, lo manejaba Eugenio Alejandro Tarifeño, el municipal que jugaba a dos puntas.

Como las mujeres ingresaban gratis hasta las 2, la policía Irene Fuentes se encargaba de hacer el cacheo para que no accedieran con armas al local. Similar tarea hacía con los hombres los policías José Luis Flores y Alfredo Cortines, este último sigue en actividad dentro de la Policía.

Los militares Osvaldo Carracedo, conocido por su apodo “mono con rabia”, junto con Sergio Torres (fallecido) permanecían al ingreso del hall de acceso y al final del mismo estaba desde el inicio hasta el cierre Pedro Sepúlveda Palacio, el ex militar chileno, hombre de confianza de Nardanone y por mandato de Sesnich.

A la hora del cierre, las imágenes permiten ver que hay dos policías dentro del hall del boliche, algo que estaba prohibido. Los adicionales solo podían estar en el exterior del local porque estaban armados.

Es decir, que, con este sencillo análisis de las cámaras, se puede saber qué guardias controlaban la ticketera al momento de la salida. Sobre ellos, recae la primera sospecha de que agredieron a Ávalos cuando al salir el 14 de junio a las 7, Sergio tiró la ticketera, motivo por el cual lo llevaron a golpes hasta la enfermería.

De esta situación, hay un testimonio clave que está en manos de la Justicia Federal.

Al reconstruir la trama de lo que ocurrió con Ávalos, surgen omisiones en la investigación inicial y habría que ser muy ingenuo para no sospechar de ciertas complicidades.

Algo que al menos va cerrando el cerco en esta investigación, es que ni a la querella ni a la Justicia Federal les cabe duda de que Sergio desapareció dentro de Las Palmas. Solo resta terminar de acomodar las piezas del rompecabezas del horror.

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