"Tengo que seguir por el buen camino para juntarme con Luciano en el cielo"

Desde el dolor pero amparados en la fe, lucha para que se haga justicia por su hijo.

Por Guillermo Elia - policiales@lmneuquen.com.ar

Luciano cantaba en el coro de la iglesia, tocaba la batería, quería cazar una nube y atajar como Armani. Pero el mediodía del 7 de octubre, cuando volaba en su bicicleta, una bala perdida cayó en su cabeza y echó por tierra todos sus sueños.

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La mamá y el papá recibieron a LMN, recordaron al pequeño y contaron lo difícil que es la vida en el barrio Peñi Trapún de Cutral Co, donde sus calles carecen de tránsito vehicular y en vez de estar plagadas de niños jugando, aturden de silencio.

Al encuentro, Yereni Fuente, mamá de Luciano, llega tarde porque estaba a la vuelta, en la iglesia, en el mismo lugar donde la sorprendió la muerte de su hijo y donde hoy busca consuelo abrazada con dolor a su fe.

Junto a Jonatan Pérez, el papá que crió desde muy chiquito a Luciano, son muy devotos y participan activamente en la congregación. De hecho se conocieron en el templo, y esto es necesario saberlo porque, lejos de cualquier sentimiento de odio o rencor hacia el asesino de su hijo, Neneo San Martín, solo pretenden que pida perdón, porque “los homicidas no entran al reino de los cielos”, asegura Yereni.

Tras su muerte, todos conocieron a Luciano como el nene de lentes, pero la foto que se hizo viral es una chanza que le jugó al tío. “Él no usaba lentes, esa fue una picardía. A mí me gusta mucho esa foto porque muestra cómo era Luciano. Esos son los lentes de la abuela y se los puso para imitar al tío”, cuenta con una sonrisa la mamá.

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El brillo en los ojos crece y lo describe. “Era pura ternura. Tenía una paz... Me ayudaba, hacía las camas y era mi compañerito. En el coro de la iglesia cantábamos juntos, éramos muy unidos”, evoca Yereni ese tiempo donde nada hacía prever una pérdida y un dolor tan grande.

Y recuerda una de las últimas charlas que tuvo con su hijo. “Él me preguntaba ‘¿cómo son las nubes, mamá?’. Y me decía que estaría bueno atrapar una nube y guardarla en una bolsa. Su otro sueño era ser astronauta. Yo siempre le dije que estudiara porque nada es imposible”.

Barrio peligroso

La crianza de Luciano, como la de muchos pibes del Peñi Trapún, estuvo limitada por la inseguridad que se vive en el barrio, eso motivó a que se perdiera de practicar fútbol o salir seguido a andar en bicicleta, actividad que hacía rara vez y siempre bajo el cuidado de la familia.

“A él le gustaba el fútbol y quería atajar como Armani. Una vuelta lo llevamos a fútbol, pero no siguió porque acá la situación del barrio es muy complicada”, explica la mujer.

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Que ese fatídico 7 de octubre Luciano haya estado pedaleando fue toda una excepción. “Yo nunca lo dejaba salir a la calle”, dice Yereni, que describe que los días tenían rutinas muy marcadas. “A la mañana lo llevábamos a la escuela, al mediodía lo buscábamos. Después de la siesta íbamos a la iglesia y de ahí a la casa. Nunca lo dejé estar solo en la calle. De hecho, no lo quisimos anotar en la escuela del barrio por las juntas. Mi marido hizo dos días cola en la Escuela 119 para poder conseguirle un banco para darle otra enseñanza fuera del barrio”, grafica sobre cómo buscaban de alguna manera escapar del barrio, uno de los más pesados de la comarca petrolera.

Gracias a que Jonatan fue voluntario en el Ejército, Yereni aprendió a distinguir los tiros y las balas que pasan silbando por la calle y que muchas veces cortan ramas y otras tantas impactan contra las paredes.

“Eso nos permitió saber que cuando hay tiros, nos vamos todos corriendo a casa”, cuenta la mujer, y agrega que además saben que dentro de las casas, cuando se escuchan tiros, hay que tirarse al suelo y pegarse a las paredes. Toda una estrategia de sobrevivencia.

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Apostar todo a Dios

A partir del crimen de Luciano, levantarse y ponerse en movimiento es una tarea titánica que Yereni afronta con la fuerza de la fe.

“Estuve enojada con Dios, pero no puedo estar enojada con él porque lo necesito mucho en este momento y me está dando una fortaleza muy grande. Tengo que seguir en el buen camino para poder juntarme con Luciano en el cielo”, anhela Yereni, que tras terminar la entrevista, se encamina nuevamente a la iglesia para seguir con sus actividades.

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