El clima en Neuquén

icon
19° Temp
48% Hum
La Mañana Charly

Todas las veces que Charly hizo de sus locuras una nueva canción

En el 2000, en un hotel de Mendoza, se tiró de un noveno piso a una pileta. "Me tiré por vos" fue la consecuencia de este épico momento.

Hacía un par de meses que la década del 90 había terminado. Para Charly García fue realmente turbulenta y los conflictos y polémicas se le amontonaron y lo sobrepasaron. Sin embargo, el pico del escándalo, posiblemente el momento más simbólico de su locura, no llegaría hasta marzo del nuevo milenio. Es imposible, repasando sus 70 años, recordar algunas de sus banquineadas sin comenzar por la ciudad de Mendoza, en la suite del 9º piso del Hotel Aconcagua que daba al solárium del primer piso, más precisamente a la piscina vacía de huéspedes y llena de agua, que en la mañana del 3 de marzo de 2000 esperaba a un sorpresivo clavadista: Charly.

“¿Si sentí miedo? Y, un poco sí, si no, no tiene gracia”, contó, feliz y mojado, contando que ese clavado (“un deporte que hice varias veces”, explicó) sería lo último de su estadía en Mendoza antes de volverse a Buenos Aires. A García no lo había motivado a lanzarse al vacío desde el balcón de la habitación su espíritu deportivo sino la bronca -y la rebeldía- que tenía dentro. En la noche anterior, en un bar, había tenido un incidente con una mujer que, en plena discusión y pelea, revoleó un vaso que se rompió en la cabeza de Charly. Con la huella de la agresión, terminó en una dependencia policial y se volvió al hotel con la luz del sol de la mañana y el orgullo herido. “Mirá que acá sos uno más, uno como cualquiera”, le dijo el comisario, en un intento de ningunearlo más que de calmarlo. García, más indignado con esa frase que con toda la situación vivida entre la noche y la madrugada, subió a la suite y les dijo a todos los que lo acompañaban. “¿Así que soy uno más? Van a ver: yo no soy uno más”, dijo. Y después de algunos cálculos, que incluyeron lanzar desde el balcón a la pileta objetos que le ayudaron a determinar el ángulo de la caída y la influencia del viento, se tiró. No pocos creyeron que se había suicidado.

Te puede interesar...

No fue la primera ni la última ocasión en que Mendoza lo llevó al límite, alguna vez lo había hecho a comienzos de la década del 80, cuando luego de generar un escándalo, terminó tirando un televisor por la ventana del hotel. De ese incidente, surgió el título de una canción histórica, “Demoliendo Hoteles”. Tanta complejidad que puede rodear la vida de Charly, muchas veces termina simplificándose en un aspecto en el que se comporta de modo lineal: cada vez que protagoniza un tembladeral, el resultado es una canción. “Me tiré por vos”, grabada en el regreso de Sui Generis en el 2000, fue su mirada de aquel lanzamiento desde el 9º piso. Aunque esa forma de canalizar sus demonios viene desde antes, incluso, de ser famoso. Cuando apenas tenía 20, sólo era Carlitos y el mundo todavía no tenía ni idea de quién sería después, un incidente personal dio nacimiento a otro tema épico, uno del típico repertorio del fogón del rock nacional: “Canción para mi Muerte”.

Embed

“Hubo un tiempo en que fui hermoso y fui libre de verdad”, daba inicio a una canción que hablaba de la muerte, de su propia muerte, la que sintió que le pisaba los talones después de haberla llamado porque se sentía encerrado: estaba internado en el Hospital Militar producto de una sobredosis de pastillas. Lo habían sorteado para hacer conscripción y el Ejército lo convocó como soldado. Charly, que tenía serios problemas de visión si no usaba anteojos, no había logrado que ése fuera argumento suficiente para obtener la baja (el “DAF”, Deficiente para la Actividad Física). Entonces, recurrió a un cóctel tóxico que lo llevó directo a las manos de médicos y psiquiatras que, después de estabilizarlo, lo entrevistaron y concluyeron que se trataba de un joven con “personalidad esquizoide”, entre otras cosas. Lisa y llanamente, que estaba loco y era un riesgo para la Fuerza. Así ese “loco” alcanzó la deseada baja de la colimba. Y fue tan fuerte esa experiencia que, además de “Canción para mi Muerte”, inspiró la creación de “Las Botas Locas”, donde relató lo que vivió en sus días de milicia y reflexionó sobre eso con agudo sarcasmo con frases como “yo formé parte de un ejército loco, tenía 20 años y el pelo muy corto, pero mi amigo hubo una confusión, porque para ellos el loco era yo” o “amar a la patria bien nos exigieron: si ellos son la patria, yo soy extranjero”.

Charly García, canción para mi muerte.jpg
En el 2000, en un hotel de Mendoza, se tiró de un noveno piso a una pileta.

En el 2000, en un hotel de Mendoza, se tiró de un noveno piso a una pileta.

Siempre que cayó, García se levantó con música, como el futbolista al que le pegan y resurge pidiendo la pelota y gambeteando. En el 7º piso del edificio en el que vive desde 1982, en la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe -porteño barrio de Palermo- las paredes son sus tableros de expresión plástica. Allí, dibujos, símbolos e inscripciones fueron pintarrajeados con aerosoles de varios colores, que también alcanzaron a teclados, guitarras y demás equipos musicales. Una suerte de arte pop callejero pero, en este caso, “indoor”. Aquella es una esquina muy transitada a diario pero que, con el tiempo, además, se hizo emblemática. Todos saben que ahí vive él, muchos pasean y admiran desde la calle el lugar de residencia de quien supo ser nombrado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires” y sueñan con, tal vez, cruzárselo. Hoy es más difícil que eso ocurra y antes era bastante probable.

Desde ese bunker, su música en vivo, amplificada a volumen alto, en muchas ocasiones le resultó un problema de consorcio. “¿Sos buen vecino? ¿O los volvés locos con la música?”, le preguntó hace unos años Susana Giménez, en una entrevista en el departamento del bicolor. La respuesta no pudo ser más Charly: “Todavía que escuchan gratis…”. No todos, evidentemente, apreciaban ese “regalo” de tener a Charly García tocando en función privada y casera, pero ese conflicto nuevamente terminó en canción, “Rivalidad”, de su disco Random (2017) que dice “vivo en un edificio a dos cuadras de la facultad, donde guardo los vicios, en la entrada hay seguridad; pero siempre hay vecinas incapaces para distinguir la música del ruido; pero nunca van a conseguir cambiarme, baby: viva la rivalidad”.

Charly García y Susana Giménez.jpg
En el 2000, en un hotel de Mendoza, se tiró de un noveno piso a una pileta.

En el 2000, en un hotel de Mendoza, se tiró de un noveno piso a una pileta.

En los 80, la extravagancia había sido bajarse los pantalones en un festival de rock en La Falda, fastidioso porque el público no estaba siento receptivo con su música y, en cambio, un grupo encontraba la diversión arrojándole cosas al escenario, insultándolo e intentando descalificarlo con adjetivos como “puto”. Mostrar su zona viril fue la respuesta poco metafórica que exteriorizó.

García, a veces intolerante a la crítica, se peleó con cuanto periodista le llevó la contra, trompeó a algún fotógrafo o notero que lo esperaba en la puerta de su casa o a la salida de un boliche para preguntarle por tal o cual escándalo, ironizó (y humilló) a la corresponsal en Córdoba de la revista El Expreso Imaginario (Patricia Perea) quien después de un recital de Serú Girán en la ciudad cordobesa de Alta Gracia, destrozó a la popular banda de rock y en particular a Charly, dando a entender que sobraba los conciertos que no eran en Buenos Aires. García, furioso, le contestó con una de sus obras más célebres: “Peperina”, en la que describió a la cronista como “típicamente, mente pueblerina, no tenía huevos para la oficina, subterráneo lugar, de rutinaria ideología”.

Embed

De un genio musical que se autoproclamó “el rey del universo” y tituló un disco suyo como “Demasiado Ego”, es altamente probable esperar obras excepcionales tanto como pocas pulgas ante comentarios que lo incomoden. Si no, que lo diga Jorge Lanata, quien en el año 2000, en una entrevista en su programa Día D, lo estaba criticando porque Charly había sido elogioso con Menem, quien antes de dejar la presidencia lo invitó a Olivos para que dé un concierto privado, se puso el brazalete de Say No More y le dijo que era su fan. Ante la pregunta de Charly a Lanata sobre si creía que era un artista, el periodista le contestó que no sabía: “Creo que hiciste grandes cosas, después te empezaste a copiar a vos mismo y te das cuenta”, dijo. García no esperó a componer una canción ni apeló a la metáfora, respondió el provocativo comentario al instante y sin eufemismos: “Y yo pienso que vos sos un pelotudo”.

Embed

Internaciones en neuropsiquiátricos, peleas, juicios, mucho dinero que se le fue y otro tanto que le llegó; una frustrada reunión de Sui Generis 1995 en Prix D’Ami que terminó con Charly endemoniado, tocando solo hasta casi el amanecer para un puñado de fanáticos a los que terminó invitándoles una vuelta de champán; un constante caminar por la cornisa con varias trastabilladas aunque ninguna caída que lo lastimase lo suficiente como para sacarlo de circulación.

Ni siquiera en ese punto de inflexión que fue el año 2008, cuando tras una sucesión de incidentes (una vez más) en Mendoza, una jueza ordenó internarlo porque era peligroso para sí mismo. Ahí apareció Palito Ortega, el amigo menos pensado, que fue su salvador. Le dio asilo en su estancia “Mi Negrita”, de la localidad bonaerense de Luján, donde puso su estudio de grabación a disposición. Con cuidados muy cercanos de los médicos, García se reencontró con la música y se alejó de los escándalos.

Embed

Hasta ese estudio viajó una Mercedes Sosa ya visiblemente castigada en su salud, pero entera para grabar su disco despedida, “Cantora”, en el que participaron decenas de artistas. Uno de ellos fue Charly, el único por el que la Negra se movilizó para registrar una hermosa versión de Desarma y Sangra, una joya del cancionero de García, quien estaba en un estado “slow” producto de las drogas psiquiátricas que lo mostraban lento y, supuestamente, lo ayudaban a mantenerse en paz. “Siento una felicidad extraña, porque nunca te he visto así. Te vi tantas veces y de tantas maneras diferentes, pero nunca así. Y ruego a Dios que te vaya bien”, le dijo Mercedes, en una suerte de bendición final. Ella murió al poco tiempo. Y Charly, el loco, el rebelde, el intolerante, el que siempre puso su cuerpo desgarbado como escudo y se bancó todas las balas, sigue ahí. Merecidamente homenajeado y cumpliendo 70, riéndose y haciendo perder a todos los que apostaron lo contrario.

Lo más leído

Leé más

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario