Lionel Messi, el capitán de la Scaloneta. La Pulga se coronó con la Selección Argentina después de cuatro finales perdidas y su emoción se cristalizó a segundos de finalizada la final histórica de la Copa América ante Brasil en el Maracaná. Apenas pito el árbitro, el rosarino se arrodilló y como el mercurio sus compañeros se adhirieron a él para fundirse en un abrazo eterno, el símbolo de 28 años de sequía cortados para la Albiceleste.
Marcos Acuña, Rodrigo De Paul y Nicolás Tagliafico fueron los primeros en impregnarse al magnético líder del equipo conducido tácticamente por Lionel Scaloni.
Después, como una catarata, se avalanzaron sus compañeros y generaron una mancha celeste y blanca en el césped del mítico estadio de Río de Janeiro.
Tras levantarse, el Capitán, como en el inicio de cada encuentro, se fue abrazando con cada uno de sus compañeros, como agradeciéndoles el aguante, el acompañarlo a la gloria.
Todo el plantel, a segundos de tocar el cielo con las manos, no dudó en levantar a Leo y lanzarlo al aire. La imagen recorrió el mundo.
El cruce con Nicolás Otamendi, con lágrimas de ambos en los ojos, habló de todo lo que significó el 15° de la Selección en el certamen continental para los de la vieja guardia, para los que se fumaron las críticas tras las cuatro caídas en finales a las que ellos mismos habían llegado.
Pasó también por los brazos del entrenador, ese que llegó sin que nadie lo llamara y terminó armando un grupo que lo bancó y se la jugó por él.
Y en el final, a segundos de levantar la copa, llegó el turno de su ladero en tantas ocasiones, Ángel Di María, el goleador de la noche en la que el Maracaná se vistió de Celeste y Blanco.
-> Acá, el final del partido desde todos los ángulos
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