Chile se apresta a iniciar hoy un inédito capítulo de su tumultuosa vida institucional reciente con una jornada electoral que durará dos días y en las que se designará a 155 convencionales que se encargarán de terminar con la actual Constitución que impuso la dictadura de Augusto Pinochet.
Los comicios, en los cuales el voto no es obligatorio como en Argentina, se realizarán luego de la postergación de abril, en momentos en que la pandemia se hacía sentir con fuerza aunque de un modo no tan diferente al de estos días.
El carácter doble de la cita electoral obedece a que los 14 millones de chilenos y chilenas habilitados elegirán por primera vez a gobernadores regionales junto a quienes redactarán la nueva Constitución y, solamente en esta última categoría, hay 15.400 candidaturas en liza.
Otro de los aspectos salientes de estos comicios es el debut del padrón indígena, con más de un millón de personas pertenecientes a los pueblos originarios a quienes se les reservaron 17 escaños en la Convención Constituyente.
La reforma constitucional llega a Chile luego de las multitudinarias protestas sociales que pusieron contra las cuerdas al presidente Sebastián Pieñera por el aumento del transporte urbano en Santiago.
Sin embargo, esa fue la mecha que encendió el polvorín de un país en el cual las desigualdades son cada vez más grandes, y más aún luego de la pandemia.
La pugna en las urnas será nuevamente entre la derecha y la izquierda, pero también con la aparición de una dirigencia emergente que busca capitalizar el descrédito de la denominada clase política de un país cruzado por la violencia y el desencuentro.
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