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La Mañana Aprendizaje

"Con la virtualidad, el aprendizaje entre pares se rompe"

Silvia Barco, mágister en Educación, recalcó que la interacción entre alumnos es "fundamental" para la escuela, junto con el trabajo docente colectivo.

Silvia Barco es mágister en Política y Gestión de la Educación, formó a generaciones de docentes en la universidad y fue también maestra al frente de un aula por muchos años. En un análisis sobre las consecuencias de la virtualidad, advirtió que “el aprendizaje entre pares se rompe” y eso priva a los alumnos de uno de los pilares de la escuela pública.

Subrayó que se necesita del aula para evaluar el proceso de enseñanza y la pandemia no puede desdibujar la responsabilidad del Estado en la inclusión y el sostenimiento de la educación obligatoria.

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-¿Cuál fue el mayor impacto de la virtualidad en educación?

-Pongo el foco en los tramos obligatorios: nivel inicial, primario y secundario, porque es el trayecto que tiene que proveer de un capital educativo, un conjunto de conocimientos y saberes socialmente válidos para generar proyectos de vida. Y es un capital exigible, porque el certificado de haber cumplimentado la educación obligatoria habilita a seguir estudios superiores y al ingreso al mundo del trabajo.

-¿De qué manera afectó a ese trayecto?

-En la tradición del sistema educativo de nuestro país y con la ley 1420, ha sido una marca de origen que la escuela tiene que estar abierta. La expansión de esos tramos obligatorios fue con el Estado como principal agente del sistema educativo y de la escuela pública como escuela estatal y abierta, sin discriminación. La virtualidad rompe ese núcleo estructurante, que es un espacio social que ordena tiempos, metodologías y modos de aprender. Hay planes de estudio, programas y diseños curriculares con una secuencia, normas y un ritmo; todo eso se desestructura.

-¿Qué consecuencias tiene en la enseñanza?

-En que se desestructura dos condiciones fundamentales para los aprendizajes de nuestros niños, niñas y adolescentes. Por un lado, el estar con los pares, que no sólo es un tema de socialización, sino que esa interacción es necesaria para aprender. En eso, sigo la tradición de las teorías sociohistóricas como la de Vygotski.

El par es a su vez enseñante y en la escuela pública se construyen como grupo colectivo. Con la virtualidad, ese aprendizaje entre pares se rompe y, a esas edades, es preocupante.

La otra cuestión fundamental es el trabajo docente colectivo. Una maestra tiene un grupo de niños y niñas y la compañera que los tuvo antes le informa, comparten las secuencias de aprendizaje. Eso también se rompe y es delicado, es serio.

-Esta generación de alumnos, ¿puede recuperar a futuro lo que faltó con las escuelas cerradas?

-Es muy difícil evaluar. Uno escucha a los medios de comunicación y a funcionarios o dirigentes políticos que opinan sobre educación y no comparto esto de decir que no se ha hecho nada. Hay docentes que, con los recursos que tenían y los que pudieron construir, pusieron muchísima voluntad para seguir dando clases de otra manera, reconvertir su experiencia. Pero tampoco se pueden apreciar las conquistas de aprendizajes; es decir, qué han hecho los niños, las niñas y adolescentes.

-¿Qué hay que tener en cuenta para volver al aula?

-Primero, los sanitaristas indicarán de qué manera se puede volver, si en grupos burbuja o con qué protocolos. Eso corresponde a Salud. Y después es poner en énfasis el planeamiento tanto educativo como en términos de organizar el próximo ciclo escolar, que seguramente será de sistemas mixtos, híbridos, donde un poco se va a clase y un poco se continúa con la virtualidad.

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-¿Hay nuevas pautas a partir de la experiencia de 2020?

-Ahí destacaría cuatro acciones. Una es planificar escuela por escuela, porque la situación de los grupos escolares es de una diversidad y heterogeneidad que hay que atender. Ese planeamiento lo tienen que hacer las autoridades en conjunto con supervisores y directivos, que conocen la realidad, porque hay que reinstitucionalizar, reorganizar la escuela con otros patrones.

Lo segundo es el planeamiento pedagógico. Hay que pensar los programas de 2020 y 2021 como un a unidad y resolver los contenidos centrales, los que todos los niños y niñas deben tener.

Lo tercero es que sean escuelas con políticas de cuidado; avanzar con el derecho a la educación y al cuidado.

Y en cuarto lugar, está el derecho a la conexión porque, más allá de que vayan lunes y jueves a la escuela o como fuere, hay que garantizar que todos los niños y niñas tengan acceso a la conexión digital y eso también es fundamental.

-¿Es posible preparar todo eso para marzo?

- Se me ocurre que los estudiantes de formación docente y profesorados que no pudieron hacer sus prácticas se pueden situar en grupos concretos en las escuelas para acompañar y aprender con los docentes que enfrentan este desafío y con las familias. Pero es una idea, hay que ver qué otras aparecen. Trabajo mucho con las corrientes latinoamericanas y en esto vuelvo a Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar: “o inventamos o erramos”.

La hora de clase de los profesores particulares va de $250 a $380.

Qué rol deben cumplir los padres

La especialista en políticas educativas, Silvia Barco, remarcó que la escuela necesita del acompañamiento de los padres, que no implica dar clases en casa, sino ayudar a sus hijos a organizarse.

- A los padres, se les exigió una participación muy activa en 2020. ¿Qué puede pasar este año?

- Ojalá esa participación más activa la tengan siempre, porque la escuela es un contrato social y pedagógico y la responsabilidad del mundo adulto tiene que compartirse entre docentes y padres.

Con las familias, hay que construir acuerdos para ver cómo vamos a desarrollar las enseñanzas y aprendizajes en estas condiciones. Y tienen que tener toda la información, para ser el soporte.

-¿Qué implica ser un soporte?

- Es organizar al niño, niña o adolescente en sus tiempos y espacios para estudiar, un apoyo desde la contención, el acompañamiento. La familia no se puede transformar per sé en un agente educativo, sino que las políticas educativas y de cuidado tienen que ir de la mano.

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