"Curábamos las heridas del cuerpo y del alma"

Alicia Reynoso. Enfermera. Asistió en el continente a los soldados durante la Guerra de Malvinas.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

“No hay nada peor que ser olvidadas”, afirmó Alicia Reynoso, una de las 13 mujeres que como enfermeras estuvieron en el hospital que se emplazó en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia durante la Guerra de Malvinas, para asistir a los soldados heridos que llegaban al continente. Tenía 24 años cuando fue movilizada unos días después de la recuperación de las Islas.

Reynoso, quien vive en Paraná, Entre Ríos, estuvo en Neuquén invitada a participar de las actividades por el Día Internacional de la Mujer. Sostuvo que terminado el conflicto con Gran Bretaña “fuimos olvidadas, no podíamos decir nada, tal como nos ordenaron”.

Te puede interesar...

¿Qué recuerdos tiene de cuando llegó al hospital que se instaló en Comodoro ?

Los primeros días fueron tranquilos, los heridos llegaron con quemaduras, con pie de trinchera producto del frío y la humedad. A partir del 1° de mayo, cuando se produjo el arribo de las tropas inglesas a Malvinas, empezamos a recibir soldados con heridas graves, fracturas expuestas, llenos de esquirlas. Las enfermeras y médicos estábamos preparados para curar las heridas del cuerpo, pero ahí también tuvimos que curar las heridas del alma, que puedo asegurar dolían más que las del cuerpo.

Además de curarlos les dieron contención afectiva.

Cuando se abrían las puertas de los aviones Hércules, por lo general de madrugada, y bajaban las camillas, escuchábamos un solo grito: “¡Mamá! ¡Mamá!”. Ese grito retumbaba en todas nosotras y sobre todo después, cuando fuimos madres. Nosotras éramos la primera cara visible después del infierno que estaban viviendo. Después de tanto tiempo en las trincheras tenían una sábana y cama limpia. Los soldados heridos nos veían como su mamá, su novia, su tía, su hermana. Nos pedían que nos comunicáramos con sus familiares y les contáramos que estaban con vida. Nos escapábamos a la ciudad para comprar algo e íbamos a las casas cercanas para hablar por teléfono con sus familiares.

¿Se consideran víctimas de la desmalvinización?

Terminado el conflicto volví a mi lugar de trabajo en el hospital Aeronáutico. Era como que no había pasado nada, nos dijeron que no podíamos hablar. Éramos personal militar y acatamos la orden como corresponde. Después, con el tiempo, cuando pasaron muchos años de olvido, nuestros propios compañeros nos negaban. Se hablaba de los veteranos pero se olvidaban de nosotras.

¿Cuándo decidió romper con ese silencio?

Yo venía de una situación personal difícil, con un intento de suicidio, lo que me llevó a hacer un tratamiento psicológico. Era 2010 y en una de las sesiones dije: “Ni en Malvinas la pasé tan mal”. Ahí empecé a contar y desde ese momento no pude parar. Era algo que tenía dentro de una caja cerrada durante años y que por sugerencia de los terapeutas empecé a abrir y a mostrar de a poco. Porque no solamente la negación vino de la ciudadanía y de los gobiernos, sino también de nuestros superiores. Empecé a hablar y me empezaron a seguir las otras. Creo que hemos plantado un poco de luz de verdad sobre aquella época. Malvinas aún hoy nos duele tanto. Casi nos borran de la historia.

¿Malvinas quedó mezclado con los delitos de lesa humanidad que cometieron los militares?

La vida está cargada de virtudes y de miserias. Los militares y el gobierno militar no escaparon a esas virtudes y miserias. Yo me quedo con las virtudes de los que hicimos esa epopeya de 1982. Aquellos militares queríamos de verdad a la patria.

Alicia confesó que desearía que cuando muera sus cenizas “formen parte del batallón que hay en las Islas defendiendo y esperándonos para izar de nuevo nuestra bandera”.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario


Lo Más Leído