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La Mañana Opinión

Denle una estrella Michelin a El Tío

 Uno de los tradicionales restaurantes de la capital neuquina sigue dándole sentido a la gastronomía popular desde su carta y sus precios

Martes 12 del mediodía. Diciembre y sus latigazos de calor en la capital neuquina nos azotan a todos. Tengo hambre, arranque el día sin desayunar y lo siento. Estaciono el auto en la puerta de El Tío que milagrosamente tiene un lugar y entro.

El Tío es uno de mis favoritos en Neuquén. Soy el primer cliente, saludo a los dueños, a quienes conozco hace mucho, cruzamos algunas palabras y elijo una mesa doble para poder sentarme cómodo y escribir. Las mesas dobles cotizan.

Me encuentro con el salón vacío, acomodado, como una pista de baile en pausa, esperando a la clientela que en unos minutos comenzará a arrasar con todo. Las opciones de plato del día por ahora son filete con puré y pastel de papas.

Antes de sentarme tiro una foto del salón vacío. Grabo un video de las vitrinas de llaveros. Siempre me divierten, me parece una colección maravillosa que debería ser patrimonio de la ciudad (de alguna manera lo son).

Mientras preparo un pancito con manteca elijo unas fritas ($500) y una ración de matambre casero ($500), son las mejores de la ciudad, ahora estas papas y este matambre, frescos, ricos, sabrosos, son lo mejor que vas a probar y conseguir a las 12.

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Arrancar a comer desde el principio del servicio es una ventaja en todos los aspectos. Sobre todo, desde lo gastronómico. Unas papas fritas hechas con el primer aceite en la primera cocinada van a estar generalmente muy bien. Los mozos están frescos como una lechuga y los pedidos salen rápido. Igual en El Tío todo sale rápido.

En la tele, España y Marruecos se pelotean, hay mucho en juego además del pase a cuartos. Franco, la mili, Aznar, la guerra del Rif, La isla de Perejil, Ceuta, Melilla, el hash y una tonelada de xenofobia por los siglos de los siglos. Luis Enrique es mi técnico favorito del mundial. Está por poner a Morata. Veremos.

En el Tío los mozos aún usan moñito. Los platos son accesibles y son muchos. Esta cantina con aire acondicionado cocina el run run de la política sobre todo en meses pre electorales. Las mesas largan sus historias, y la vajilla y las copas tintinean.

¡Denle una estrella Michelin a El Tío! Quizás su panera no es de masa madre, ni sus bebidas producciones propias fermentadas, ni tampoco gozan de una huerta, ni de un community manager experimentado. Pero tienen nueve variedades de bifes de chorizo, cuatro variedades de tortillas, de milanesas (siete de carne y cinco de pollo), seis omelettes diferentes, mayonesa de ave, tomates rellenos, huevos rellenos y varias pastas caseras con nombres maravillosos como los ravioles caseros a la princesa de Mónaco.

El Tío tiene pescado, parrilla y suprema Maryland. Sus postres son nuestra base cultural de lo que conocemos como postre: flan de vainilla, queso y dulce, chocotorta, ensalada de frutas, tiramisú, Don Pedro, Budín de pan y otros tantos de postres y su atención es formidable. Si bien generalmente se encuentra lugar, siempre está concurrido.

El Tío tiene un equipo de luchadoras y luchadores en sus filas. La línea de cocineras, son mujeres experimentadas de varios años (algunas décadas inclusive, algunas se jubilaron) en este restaurante. Su mozo más joven tiene ocho años de antigüedad y se llama Jorge. Los mozos de El Tío usan moñitos y tienen una memoria prodigiosa.

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