Matías Garrido, el bailarín de Centenario que conquistó al mundo en el G20

El neuquino que brilló en la presentación del Teatro Colón habló con LMNeuquén y contó sus sensaciones.

POR JUAN VARGAS / jvargas@lmneuquen.com.ar

- Lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky. ¡Tratar de conquistar al mundo!

Así arrancaba cada capítulo de unos ya míticos dibujos animados de la década del ‘90, Pinky y Cerebro.

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Matías Garrido nació y vive en Centenario. “Mi idea es apostar al sur”, esa convicción la mantiene, a pesar de haber formado parte, el viernes pasado, de la compañía de baile que deslumbró a la cúpula de la política mundial en la gala del G20 realizada en el Teatro Colón. “Argentum” –nombre con el que fue bautizada la presentación- estuvo compuesta por 84 bailarines de todo el país, encabezados por Julio Bocca y Mora Godoy, y 75 músicos en escena.

Desde chiquito, el hombre que hoy tiene 32 años tenía claro a qué se quería dedicar. “El viernes cumplí el sueño de mi vida, el de todo bailarín”, cuenta como si todavía no pudiera creer de lo que formó parte, al mismo tiempo que ya tiene que pensar en lo que viene.

El folklore y el contemporáneo fueron siempre sus inspiraciones. Los bailes tradicionales lo conquistaron a la par de que arrancaba sus estudios primarios, con los típicos actos por las fechas patrias de la Escuela 282 de Centenario. Ahí, en ese momento, se enteró de algo por lo que muchos pelean hasta de grandes: saber a qué le iba a dedicar su energía.

Después pasó por las manos de su “mentor”, Horacio García –a quien conoció en la 282-, y reforzó sus convicciones. En un puñado de años, entre que dejaba la adolescencia y entraba en la adultez, conformó su propia compañía, La Cautiva; pasó por los escenarios de Cosquín –donde también buscará brillar en la temporada venidera-; inauguró la tradicional Fiesta del Poncho en Catamarca y desfiló, 50 días seguidos, por las tablas europeas, entre otros ítems de un currículum sin fin.

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La pasión por el arte, muchas veces, no devuelve con ingresos económicos el esfuerzo. De hecho, a Matías vivir un mes en Buenos Aires para preparar la gala del G20, a pesar de haber contado con apoyo del programa Argentina Baila, le significó una inversión.

“Claramente, el dinero no fue por lo que vine –cuenta Matías desde Buenos Aires-, porque no cubre lo que gasté. Lo importante fue la experiencia de haber bailado y el aprendizaje que me llevo para el sur”, cuenta el neuquino sobre lo que vivió en el teatro más importante del país. El sur, siempre aparece y da vueltas por su cabeza el sur.

Pero no solo lo seduce la idea de estar de frente al público. Matías despunta el vicio de la danza, también, como coreógrafo. Ser realizador es uno de sus sueños. “Tengo varias obras escritas, pero por falta de espacios no se pueden llevar a cabo todavía. Cuesta mucho el arte independiente en cuanto a financiación”, relata al mismo tiempo que demuestra convicción y transmite un mensaje que desborda esperanza a la hora de proyectar una vida ligada a la danza: “Se puede. Obvio que hay momentos de crisis, pero estoy superconvencido de que lo puedo logar. Eso es lo que más me empuja”.

El apoyo, escaso por parte de los estados nacional y provincial, lo consigue en su grupo de alumnos y la familia: “Ellos me ayudan a resistir y seguir viviendo del arte. Vivo, respiro, como y almuerzo danza. A veces, para poder bancar algunos gastos tenemos que vender comida con mi vieja y la familia”.

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El periplo para llegar al Colón

Matías y su compañera, Karen Mera –también, neuquina-, fueron dos de los seis bailarines que viajaron desde la Patagonia para formar parte de la audición que definiría al elenco que finalmente se presentó el viernes pasado en el Teatro Colón. Matías fue el único de ellos que logró ingresar y la prueba no fue sencilla.

“Desde el programa Argentina Baila nos pagaron los pasajes en un micro semicama para ir a Tecnópolis –donde se realizó la audición-. Llegamos a las 12 del mediodía del 19 de septiembre y una hora después hicimos la audición. Terminamos a las 3 y a las 5 ya estábamos yendo a Retiro porque a las 7 salía el micro de vuelta a Neuquén”, relata casi sin tomar aire el centenariense.

Un par días después, ya en su casa, se enteró que había sido seleccionado y el 5 de noviembre tuvo que volver a Buenos Aires para empezar con los preparativos. En las primeras tres semanas, el selecto grupo –que sufrió algunas bajas por lesiones en el durante- ensayó en el predio de Tecnópolis, que contó con todas las comodidades; y a falta de tres días para el gran día, se mudó al escenario definitivo del Colón.

“Fue una producción increíble. Una de las mayores experiencias de mi vida. El día de la presentación nos citaron a las dos de la tarde. Fue un caos llegar porque los subtes estaban cortados y había que pasar por un montón de seguridad”, rememora como si todavía estuviera ahí.

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“Cuando llegamos al escenario, estaba Julio Bocca elongando al lado nuestro y Mora Godoy del otro lado. Se empezó a sentir otra cosa totalmente diferente. Que haya estado gente tan grosa compartiendo con nosotros fue como algo muy heavy, movilizador”, agrega en cuanto a la previa de lo que fue la presentación.

Después, la hora del show que deslumbró a los líderes de los países más importantes del mundo y que hizo emocionar al presidente Mauricio Macri. “Llegó la hora de la función y la ansiedad fue tremenda. Y lo que se vivió fue alucinante, magnífico y lo sentimos muy nuestro. Había mucha ansiedad, mucho laburo. Pasamos absolutamente por todos los estados emocionales”, cuenta mientras revive esa noche inifinita.

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El grito “Argentina, Argentina…” que nació de la garganta de los 84 bailarines e invadió al Teatro fue espontáneo, según cuenta Matías: "No estaba pautado nada. Eso fue lo más maravilloso, que se sintió y fue como que explotamos todos de la alegría, emoción y llanto”.

Matías va a sostener su pasión por la danza cueste lo que cueste. Ahora, en estos días, viaja desde Buenos Aires hacia Córdoba, donde se presentará en la audición previa al Festival de Cosquín.

De la mano del folklore, Matías logró lo que Pinky y Cerebro no pudieron durante cinco temporadas. Matías conquistó el mundo.

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