Un documento histórico del COPADE revela que, en los años 70, la provincia proyectó un estadio monumental aprovechando la fisonomía de las bardas.
El estadio único fue siempre el gran anhelo de los neuquinos. Un sueño que, tras décadas de espera, parece estar a un paso de concretarse. El intendente Mariano Gaido ya puso nombre y lugar a la ambición: el Neuquén Arena, una megaobra que promete transformar la infraestructura de la capital.
Aunque el proyecto aún debe atravesar el debate en el Deliberante, el anuncio realizado el 15 de febrero marcó un hito. Originalmente, se destinó el Lote H de la Isla 132 —unas 20 hectáreas— para levantar este coloso de 40.000 metros cuadrados. El objetivo: un escenario de escala internacional para deportes y grandes shows.
Sin embargo, esta historia no empezó ahora. La obsesión por un "estadio único" tiene raíces profundas que se hunden en el barro y la barda de 1970.
En aquellos años, Neuquén ya era una ciudad que crecía "a saltos". Bajo la gobernación de Felipe Sapag, la provincia se propuso un objetivo audaz: ser subsede del Mundial de Fútbol 1978.
Patrimonio documental
En los archivos que atesora el Centro de Documentación Científica y Técnica del COPADE (Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo), descansa un documento de abril de 1971 que hoy parece ciencia ficción. Es un expediente de 177 páginas que detalla el "Estadio Deportivo Ciudad de Neuquén". El prólogo de aquel informe era casi una declaración de guerra al destino: “¿Qué ocurrirá en ocho años si sigue el alucinante ritmo de crecimiento actual? Para vislumbrar el futuro debemos partir de la voluntad de cambio de una comunidad solidaria”, rezaba el escrito.
Las proyecciones de la época eran vertiginosas. El departamento Confluencia crecía a un ritmo del 80%, el más alto del país. Neuquén dejaba de ser una "tierra olvidada de la mano de Dios" para convertirse en la metrópolis de la Patagonia.
“Entre 1965 y 1970 el Departamento Confluencia aumentó su población en un 75%. La ciudad de Neuquén a su vez ha aumentado sus habitantes entre 1960 y 1970 en aproximadamente un 80%, y en sólo un lapso de cinco años (65-70). Para 1978 tendrá, según proyección, 74,041 habitantes”, señala el escrito.
“Tomado sólo en cuenta una proyección para ese año, tendremos aproximadamente una población de 1,257, 513 personas en la Región del Comahue”, destaca.
Respecto al índice de construcción estimado, el Departamento Confluencia entre 1965 y 1970, arrojó un aumento de 17,08 %, quizás el más alto del país, rezaba aquel informe histórico. Además, el aumento también en se daba en las relaciones comerciales y administrativas. “Las compañías de aviación han multiplicado el número de vuelos y es significativo que algunos de ellos sean directo a Buenos Aires con desino final al aeropuerto de Neuquén”, revela el escrito.
Eso números eran una forma, quizás, para justificar la sede mundialista, y los técnicos argumentaban razones de gran peso para ese tiempo.
Hoy, el anuncio del nuevo complejo en la Isla 132 reflota una cuenta pendiente de medio siglo.
Un coliseo natural en las bardas
Lo más fascinante de aquel proyecto de los 70 era su arquitectura. En lugar de grandes moles de cemento, los técnicos planeaban usar la geografía de la barda como anfiteatro natural. La erosión del viento había diseñado "hondonadas" perfectas. Según el documento, construir sobre la barda reducía los costos drásticamente.
Según el estudio de los especialistas en la materia, el costo sería varias veces inferior a un estadio con tribunas de hormigón. La mayor parte de los lugares elegidos tenía forma de media luna abierta hacia la vista panorámica del valle.
Varios fueron los puntos a tener en cuenta para la perfecta realización del coloso: ubicación respecto a los puntos cardinales, protección contra los vientos predominantes, ubicación respecto a la radiación solar, distancia del centro de la ciudad, aspectos acústicos, accesos principales (ciudad y zonas aledañas), valores paisajísticos, aspectos turísticos, playa de estacionamiento.
Ubicaciones y capacidad
En total, se analizaron 18 ubicaciones posibles con capacidades de entre 20 mil y 120 mil espectadores. Siete emplazamientos se situaban en la entonces denominada "Ciudad Universitaria" (hoy en la zona donde se ubica la UNCo, el Concejo Deliberante, Legislatura, barrio Bocahue). También sobresale parte de Santa Genoveva.
Otros puntos pensados para los estadios se diagramaron en donde hoy se encuentra la franja en la que se sitúa la Torre Aura (se centralizarán las oficinas de YPF y unidades residenciales), Alta Barda, Islas Malvinas, Área centro oeste.
Por último, el resto de los sitios escogidos (seis) se iban a localizar en los barrio Bardas Soleadas, integrado por Muten, Mudon y Amejun. También en esa región se suma Villa Ceferino, Melipal, Gran Neuquén Norte, Terrazas del Neuquén y el Balcón de la Ciudad.
Finalmente, el estudio concluyó que el "Estadio número 7" era el más apto por su ubicación, entre el barrio 14 de Octubre y Rincón de Emilio. El reducto iba albergar entre 70.000 y 80.000 espectadores. La obra estaba destinada abarcar una superficie aproximada a 44 hectáreas, equivalente a 440.000 mil metros cuadrados.
¿Se mudará a la barda?
Aquel "Estadio Deportivo Ciudad de Neuquén" nunca se concretó, pero sentó las bases de una identidad urbana que exige espacios de gran escala. Recientemente, un grupo de vecinos inició una campaña de firmas para solicitar el traslado del actual proyecto Neuquén Arena a otra zona, argumentando que la Isla 132 es un pulmón verde que debe preservarse.
El pedido advierte que el Paseo de la Costa no tendría capacidad suficiente para absorber los servicios de saneamiento y energía durante eventos masivos. La propuesta vecinal sugiere reubicar el estadio en sectores de la barda o la meseta neuquina.
Ante este reclamo, el intendente Mariano Gaido decidió escuchar la preocupación ciudadana y cambiar la ubicación original. Actualmente, las áreas pertinentes trabajan en un nuevo emplazamiento que será dado a conocer una vez definido. La ambición de aquel Neuquén de los años 70 parece estar más viva que nunca; ahora, solo resta mirar hacia la barda para concretar el proyecto que alguna vez pareció un delirio.
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