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Redes sociales en Neuquén: amor y corazones rotos en la época de la hipercomunicación

Un análisis de qué lugar ocupa la virtualidad a la hora de vincularnos y cómo lidiar con la irresponsabilidad afectiva.

Santi conoce a Mara en una fiesta. Se gustan, bailan, se besan y pasan la noche juntos. El contacto continúa, deciden seguir comunicándose. Empiezan a seguirse por Instagram, se ponen corazones en todo lo que suben, hablan horas por Whatsapp. Se ven una segunda vez y también la pasan muy bien. En esos idas y vueltas logran una intimidad que sostienen a través de las redes sociales: se cuentan qué les duele, qué le gusta, qué hacen en su cotidiano. Para entonces el vínculo lleva poco menos de un mes: sin prisa, sin presiones, todo en su justa armonía. Es sábado y vuelven a verse. El domingo al mediodía se despiden, a la tarde intercambian un par de mensajes, pero el lunes, cuando Santi le escribe, ve que whatsapp marca sólo una tilde. Pasan las horas y Mara no sólo no responde, sino que parece haberlo bloqueado. Chequea Instagram y ve que también lo eliminó de ahí. De un momento a otro, no hay ningún tipo de rastro de Mara en la vida de Santi, como si se la hubiese tragado la tierra, como si se hubiese vuelto un fantasma y como tal lo hace dudar qué de todo fue real y qué no. De un momento a otro, un vínculo que generaba placer se convierte en un territorio inexplicable que genera dolor. Pero, sobre todo, que abre un sinfín de preguntas que jamás tendrán respuestas: ¿Qué le pasó? ¿Qué hice mal? ¿Soy yo el problema?

La escena se repite al infinito. Parafraseando a Borges, pueden cambiar “las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”, pero esta nueva forma de vincularse o desvincularse parece haberse convertido en parte de la nueva normalidad. Al ya tan complejo mundo del amor, de las relaciones sexoafectivas, se le suma el mundo la virtualidad y de la hipercomunicación.

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Cambió la manera de vincularnos. Desde edades muy tempranas las redes son nuestra ventana. Estadísticamente, hay dos formas preponderantes de conocer a una persona, o te la presenta un amigo o lo conocés en las redes sociales. Antes salías a la vereda a tomar mate con tus amigas y a esperar que pase el chico que te gusta. Ahora el contacto con esa persona puede ser permanente. Ahora el like o el corazoncito generan la misma satisfacción que cuando pasaba el chico que te gustaba y se daba vuelta para mirarte”, explica la licenciada Laura Chiarotto, la psicóloga que atiende a cientos de parejas de neuquinos y que se convirtió en generadora de contenidos para ayudarnos a sobrellevar los temas del corazón.

Pero también es categórica a la hora de decir: “Cuando subimos cualquier contenido lo hacemos con expectativa, con el deseo de algo. El problema de esta forma de vincularnos es que cuando se trata del chico o la chica que te gusta estás chequeando a cada rato para ver si le gustó. Las redes generan ansiedad. Mi dolor viene porque genera expectativa”.

Un amor virtual, un dolor real

Laura explica que los vínculos a través de las redes sociales, aunque sean virtuales son reales porque involucran nuestra identidad y además permiten una comunicación constante que se cuela en nuestro cotidiano, todo el tiempo están al alcance de la mano. “Si bien lo que mostramos es una vidriera, un pedacito de lo que nos interesa mostrar, es parte nuestra”, explica.

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La pandemia potenció esa forma de vincularnos, cuando en vez de intercambiar cuerpos, comenzamos a intercambiar fotos para sentirnos más cerca. De alguna forma, mucho de eso permaneció, aprendimos a querernos y desearnos por celular. Pero las redes, además, permiten el juego del coqueteo permanente, donde hay ciertos códigos, donde la forma en que reaccionamos a un posteo o una historia tiene un valor determinado. En ese lenguaje que para muchas generaciones es nuevo y para otras partes de la cotidianeidad con la que crecieron, muchas veces se generan vínculos que como tales implican responsabilidades. “Contarnos una vulnerabilidad nos da la pauta de que llegamos a establecer un tipo de conexión emocional. Esa es la medida: la clave para saber si conecté emocionalmente con otro, es si compartimos una vulnerabilidad. Si yo cuento sólo lo lindo, no conecté emocionalmente, sólo me estoy divirtiendo. Cuando cuento algo que me duele, que me expone, ahí ya tenemos que empezar a hablar de responsabilidad afectiva en serio, y manejarnos con mucho cuidado”, explica Laura.

Los nombres nuevos de la irresponsabilidad afectiva

El problema aparece cuando esa forma de vincularnos adopta estadios peligrosos e irresponsables para con quien tenemos enfrente o con quien nos estamos relacionando. Aparecen fenómenos como el ghosting, una expresión que hace referencia a ghost, fantasma en inglés, pero sobre todo a la acción de desaparecer. Se trata simplemente de que una persona con la que en apariencia estamos construyendo una relación, de repente se esfuma sin dar ningún tipo de explicación. A esto se le suman dos variantes. Una es el caspering, que se refiere a personas que se vinculan virtualmente pero que a la hora de querer verse una de ellas encuentra mil excusas, porque en realidad hay un alejamiento gradual que no está del todo claro o confeso. Y la otra es el orbiting, que viene de orbitar, en referencia a como la tierra orbita alrededor del sol y se refiere a una persona que desaparece de la vida del otro, pero sin abandonarla completamente, es decir un ex vínculo, alguien que nos dijo que no tiene ningún interés, alguien que no responde los mensajes privado, pero que de alguna forma muestra interés. O como definen los expertos: “lo suficientemente cerca para que ambos se puedan observar y suficientemente alejado para nunca tener que volver a hablar”.

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Psicóloga Laura Chiarotto.

Psicóloga Laura Chiarotto.

“El ghosting es un grado de inmadurez emocional llevado al máximo extremo, son personas que carecen de responsabilidad afectiva. Que en sus variables siempre se trata de lo mismo. Y hay muchas explicaciones: hay casos de gente que considera que hablar no es una infidelidad, o que lo virtual es inofensivo, entonces a la hora de concretar no lo hacen; hay otros y otras que hacen una tirada de red masiva, a ver qué persona consiguen y cuando empiezan a vincularse se corren; hay gente que aún después de la conexión emocional le gusta tener opciones, que se nutren de la satisfacción que genera prender el celu y ver que tenemos 50 mensajitos, 50 likes dando vueltas. En definitiva es gente a la que no le interesamos”, explica Laura.

Claves para construir vínculos sanos

Virtual, real, idealizado, concreto: el duelo del amor siempre es el mismo. Algo se pierde, algo se rompe y deja un vacío muy difícil de sobrellevar.

¿Estamos hablando de un mismo duelo en el enamoramiento virtual que en el amor?

—Hay algo muy duro con los vínculos virtuales, porque si nos vimos pocas veces o no nos vimos, esas relaciones se mantienen en el plano de lo platónico y por tanto son perfectas. Me relaciono con la pantalla, con lo lindo de la persona, con lo divertido que esa persona muestra. Yo idealizo, la pongo dos o tres escalones más arriba de lo que debía. El duelo es por alguien perfecto, entonces duele un montón. Lo peligroso es que después hay una tendencia en comparar a personas reales con personas platónicas.

¿Cómo podemos corrernos de estos vínculos?

—El silencio es una acción que se interpreta, la no respuesta comunica. La no respuesta es una respuesta. Tenemos que comprender eso. Dejar de preguntarnos por el otro y ocuparnos de nosotros. Lo mejor es hacer lo que nos haga sentir mejor. Si hay que bloquear, se bloquea, no hay que ser tan políticamente correcto, ni tan educado cuando no nos están tratando bien. Lo mejor es el contacto cero, que es el que nos permite la desintoxicación. Hay que considerar que como toda adicción, porque estos vínculos son adictivos, se genera una abstinencia, entonces lo mejor es caminar, correr, comer, hacer todo lo sano que nos permita sobrellevarlo.

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¿Por qué es importante la salud mental en las redes sociales?

—Mis redes tiene que ser un espacio lindo para mí, armónico. No me tiene que generar ansiedad, estar viendo si me escribió alguien o no. Entonces si a mí me empieza a generar ansiedad, no quiero agarrar el teléfono por miedo a que no me hayan escrito, entonces tengo que correrme de ese lugar. Lo importante es cómo me siento yo en ese punto, no tanto qué le pasó al otro que no me trató bien. Mis redes me tienen que dar tranquilidad, igual que mi casa, mi trabajo, mis amigos, igual que los espacios donde habito. Las redes son espacios que existen, aunque no sean físicos.

Ghostear es un terrible mal de esta época”, dice Santi. Explica que no fue la última vez que lo ghostearon, que incluso tiene amigas que mantuvieron vínculos de meses y que se desvanecieron como por arte de magia, una magia triste y dolorosa. Dice también que todo esto le sirvió para una sola cosa, para nunca jamás hacerle algo así a nadie.

Entrega, compañerismo, alegría, sensualidad, coqueteo, belleza, confianza, suavidad, secretos, complicidad: el amor nos orbita, nos estructura. Es alimento, es pan y también es aprender que puede ser unilateral. No obstante, en un mundo lleno de crueldad y mezquindad, siempre es mejor ser amable con quien está dispuesto a abrirnos el corazón, para el resto está la realidad.

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