“Cómo olvidarla, cómo olvidarla”, cantaba el Potro Rodrigo. Y los hinchas de Boca jamás olvidarán aquella noche ni el lujazo del máximo ídolo, Juan Román Riquelme.
Fue el 24 de Mayo del 2000. Un día de miércoles para River y soñado para el xeneize. Que logró revertir en La Bombonera una serie que había empezado adversa en el Monumental, por los cuartos de final de la Copa Libertadores. El conjunto en el que brillaban Saviola y Aimar se impuso 2 a 1 en los primeros 90 minutos y Boca, dirigido por Carlos Bianchi, la tenía cuesta arriba en la revancha.
El país estaba pendiente de ese crucial enfrentamiento. Fue la noche en que al equipo de la Ribera le salieron todas. Porque también el gran goleador Martín Palermo volvió un ratito tras larga lesión y liquidó el partido, 3 a 0 vengándose así de las chicanas previas del Tolo Gallego (“si ellos ponen a Palermo, yo lo pongo al Enzo”, por Francescoli, ironizó el popular entrenador en la última conferencia antes del decisivo duelo). El pez por la Boca muere y el ex DT del Millonario lo pagó muy caro.
Pero la perlita histórica, la jugada más vistosa que se hizo inmortal, la genialidad fue obra de Juan Román Riquelme, quién si no. Eriza la piel aún hoy observar la imagen del legendario caño al experimentado colombiano del eterno rival, Mario Alberto Yepes.
Fue cerca de la mitad de la cancha. Román recibió, quedó de espaldas y ante la asfixiante presión de Yepes improvisó con un túnel mágico que perdura en el recuerdo de todos los futboleros y de los fanáticos azul y oro en especial.
De hecho, la jugada fue muy evocada en las redes sociales y los programas de televisión este viernes y hasta la Conmebol hizo una mención especial a la lucida maniobra personal del “torero”, del último gran 10, en su cuenta de twitter.
Mientras tanto, por estos días Román sigue recibiendo el cariño de los hinchas, disfruta de su familia en Don Torcuato y aún no se decide a lanzarse políticamente a la presidencia ó algún cargo en la directiva azul y oro para las elecciones de fin de año.
¡Pero que viva el fútbol, Román! ¡Que viva el caño de todos los tiempos!
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