La incesante venta de dólares del Banco Central de las últimas semanas planteó el renovado debate sobre la competencia de monedas.
La Argentina, según señala el economista Ricardo Arriazu, es un país bimonetario, donde la gente se maneja con pesos para las transacciones locales y en dólares para preservar el valor de sus ingresos.
La afirmación podría considerarse que es parcialmente cierta: la bimonateriedad argentina deriva de una larga historia de desequiibrios marcoeconómicos e inestabilidad y por eso la gente “piensa en dólares”. Por lo tanto, si el país logra resolver ese problema, el público debería volver a “pensar en pesos” y dejaría de usar dólares.
“Argentina es un país bimonetario, tiene una demanda de pesos extremadamente volátil. Por eso mirar al Banco Central como una caja de conversión es el enfoque correcto”, sostiene el economista liberal Federico Domínguez al recordar el esquema que funcionó durante los años 90’, la convertibilidad.
El analista relativiza, entonces, la corrida cambiaria que se está registrando desde hace dos semanas que se llevó mas de u$s1.500 millones . Señala que “puede haber meses de ventas, pero con una economía en crecimiento y una base monetaria de solo 4% del PBI, las compras se reanudarán”.
Y en ese sentido, propone que la prioridad post acuerdo con el FMI “es acceder a los mercados para rollover (refinanciar) de deuda”.
La bimonetariedad no es exclusiva de Argentina, aunque en otros países de América latina ya llevan varias décadas lidiando conel problema y han logrando éxito. El caso emblemático es Perú que adoptó el sistema en una reforma constitucional.
Para Arriazu se necesitarían u$s35.000 millones
Esta semana Arriazu ofreció una charla para clientes del Banco Galicia en donde insistió en la idea de que como en Argentina la gente se maneja con pesos y dólares, las soluciones del FMI respecto de régimenes en los que el tipo de cambio nominal es libre son enfoques equivocados.
“No creo en la flotación del tipo de cambio mientras el dólar sea unidad de cuenta”, afirmó el profesional quien asegura que la idea del FMI para Argentina es liberar el tipo de cambio y subir las tasas de interés. “Eso iba a ser hiperinflacionario”, explicó.
Arriazu estimó que el gobierno necesitaría tener en el Banco Central unos u$s35.000 millones de libre disponibilidad en el caso de que tuviera que afrontar una corrida en la cual los tenedores de pesos decidieran pasarse totalmente al dólar.
En la teoría de Arriazu, un plan de estabilización para la Argentina tiene que tener un doble enfoque: controlar la cantidad de pesos que circulan en la economía, y por otro lado, controlar el precio del dólar.
En ese sentido, el plan de Javier Milei cumple con el requisito: hay superávit fiscal, control de la base monetaria y un valor del dólar definido por el Banco Central.
Argentina no el único país bimonetario
El economista Gabriel Caamaño plantea sobre tema que “Chile también era un país bimonetario y Perú también (gran caso de estudio)”.
“Buena parte de Latinoamérica lo fue o algo aún lo es en cierto grado, no es una excepcionalidad local el bimonetarismo . Es una recurso adaptativo y racional a la inestabilidad macroeconómica sostenida. Somos bastante menos especiales de lo que creemos y de a poco va quedando claro”, explicó.
¿Cómo se podría adoptar un régimen bimonetario en Argentina?
Lo primero a tener en cuenta que el bimonetarismo en términos del discurso libertario sería algo “competencia de monedas”o “dolarización endógena”.
En la mirada de Milei, si el gobierno pudiera poner a disposición pesos y dólares, el público elegiría manejarse con “la mejor moneda”, que obviamente, es la divisa norteamericana.
El problema es que no hay dólares para llevar a cabo ese proceso. O mejor dicho: se podría hacer, pero en vez de canjear cada dólar por $1.100, tal vez el precio sería de más del dóble. Así se explica lo que plantea Arriazu: los u$s35.000 millones faltantes son para defender el actual precio.
Algunos pasos en ese sentido ya dio el gobierno: se pueden mostrar precios en dólares y las empresas de medios de pago ya pueden cursar transferencias en esa moneda.
El régimen está completo si el Estado admite que las personas cancelen contratos y paguen impuestos en moneda extranjera. Y para ello es necesaria una ley que apruebe el Congreso que le quite al peso el caracter de “curso forzoso”. Es decir, una ley que diga -en términos muy simplificados- que en Argentina se pueden pagar impuestos en dólares.
La experiencia de Perú
Perú adoptó el sistema con la reforma constitucional de la década del 90’, luego de lo que se conoció como “fujimorazo”. El entonces presidente Alberto Fujimori (el primer caso en America latina de un outsider de la política de ultra derecha) cerró el Congreso y llamó a una reforma que convalidó, entre otras cosas, el nuevo régimen cambiario.
Lo que pasó en los primeros años es que los peruanos decidieron correr hacia el dólar en contra del Sol, tras años de inflación. Pero luego, una vez lograda la estabilidad de los precios, la demanda de moneda local comenzó a recuperarse. Hoy el dólar se usa mas que nada para ahorro de largo plazo y la moneda local predomina en las transacciones.
Eso es lo que algunos economistas como Carlos Rodríguez sostienen de que la “competencia de monedas” no es una manera de “dolarizar” la economía -como prometió Javier Milei- sino todo lo contrario: sería una manera de “desdolarizar” y que la gente vuelva a demandar moneda nacional.
En Argentina la experiencia de la convertibilidad confirma ese supuesto: en cuanto el público comprendió la regla que tener un peso era igual a tener un dólar, la inflación se frenó y empezó a demandar moneda local nuevamente.
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