Tiene un año y medio, y perdió a sus padres, sus abuelos y su hermano. La investigación avanza y se conocieron los impactantes elementos que encontraron en la casa.
Una familia murió el martes en una vivienda ubicada en la calle Sanabria al 3700, todos se intoxicaron con monóxido de carbono. El único sobreviviente fue Milo De Nastchokine, un bebé de un año y medio, quien milagrosamente logró resistir los efectos de la intoxicación y se encuentra internado en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
El trágico hecho ocurrió en el barrio porteño de Villa Devoto y en las últimas horas se conocieron avances de la investigación que dan cuenta de lo que podría haber desatado la fatalidad. Asimismo, se informó cuál es el estado de salud del pequeño que perdió a sus padres, sus abuelos y su hermano.
Las autoridades indicaron que la intoxicación fue causada por un desperfecto en la caldera del hogar. Según revelaron los peritos, no expulsaba adecuadamente los gases de combustión. Como agravante, las ventilaciones del lugar estaban bloqueadas con papel film y cinta adhesiva, lo que impidió cualquier tipo de recambio de aire.
La dramática historia de un reencuentro que terminó en tragedia
Cinco integrantes de una familia murieron trágicamente en el interior de su vivienda por intoxicación con monóxido de carbono. El único sobreviviente es Milo.
Las víctimas fueron identificadas como Graciela Just de 74 años, su marido, Demetrio De Nastchokine de 79; también el hijo de ambos, Andrés de 43 años, su pareja, Marie Lanane, de 42 y su hija Elisa de 4 años.
Andrés, Marie habían regresado al país junto a sus dos hijos, desde Italia el lunes 30 de junio. En el Aeropuerto Internacional de Ezeiza fueron recibidos por Graciela y dos hermanos de Andrés: Alejandro y Maia De Nastchokine. Todos se fueron hasta a la casa de sus padres en Villa Devoto. Tenían previsto quedarse allí junto a su familia.
Lamentablemente el esperado encuentro familiar solo duró un día, ya que horas después, se produjo la tragedia. El viaje había sido planeado para que pudieran conocer al nieto menor, quien es el único sobreviviente de la tragedia.
Cómo sigue Milo, el bebé que sobrevivió y perdió a toda su familia
En las últimas horas se dio a conocer un nuevo parte médico, donde se indica que el niño está recibiendo oxígeno mediante una cánula de alto flujo. Se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos Infantiles, con monitoreo permanente, aunque no necesita drogas para sostener la presión ni el ritmo cardíaco.
Milo De Nastchokine sigue internado en terapia intensiva en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez pero confirmaron que “evoluciona de manera favorable”, aunque continúa bajo “monitoreo estricto”.
Según detallaron, sufrió una “intoxicación grave con monóxido de carbono”, por eso permanece conectado a una cánula de alto flujo.
El niño fue rescatado el martes por los bomberos, en una habitación contigua al lugar donde murieron sus padres, su hermana y sus abuelos. Los análisis revelaron niveles alarmantes de carboxihemoglobina en sangre, lo que indicaba una intoxicación severa.
El recorrido del gas: cómo se acumuló el monóxido
La investigación preliminar confirmó que la caldera generaba concentraciones letales de monóxido en la cocina, y que esos gases escapaban hacia otros ambientes a través del cielorraso y los pisos flotantes. Los cinco integrantes de la familia fallecieron en habitaciones cercanas, sin posibilidad de advertir el peligro.
Entre las víctimas se encuentran los abuelos Demetrio De Nastchokine (79) y Graciela Just (75), su hijo Andrés (43), su pareja Marie Lanane (42), y la hija de ambos, Elisa, de solo cuatro años. El bebé, que estaba en una habitación separada, fue hallado por los bomberos todavía consciente. Tenía niveles elevados de carboxihemoglobina, un compuesto que aparece en sangre tras una exposición prolongada al gas.
Fue trasladado de urgencia al Hospital Zubizarreta y luego derivado al Gutiérrez, donde sigue internado.
El dato que llegó tarde: presupuestos pegados en la caldera
En el segundo día de peritajes, un hallazgo reveló que la familia había comenzado gestiones para reparar la caldera. Dos presupuestos escritos a mano estaban adheridos al propio artefacto: uno por $600.000 y otro por $1.200.000. Todo indica que los adultos de la casa eran conscientes del mal funcionamiento del sistema de calefacción.
El informe técnico detectó además que el conducto de evacuación presentaba corrosión, lo que permitía filtraciones de monóxido. La falta de mantenimiento y la obstrucción de las rejillas de ventilación completaron un cuadro fatal.
Este tipo de accidentes, aunque evitables, se repiten cada invierno. Los especialistas recomiendan controles periódicos, revisar que las rejillas estén siempre abiertas y asegurar que los artefactos a gas cuenten con salida al exterior. Mientras, el país sigue de cerca la evolución de Milo, el único que logró resistir en medio del desastre. El caso reabre el debate sobre los controles de instalaciones domiciliarias y la responsabilidad en el uso de calefacción a gas.
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