Playa Larralde, en Península Valdés, invita a un contacto pleno con la naturaleza. No hay gas ni electricidad y la habitan unos pocos pescadores artesanales.
En la agenda turística clásica de Chubut, Península Valdés es sinónimo de avistaje de ballenas o elefantes y lobos marinos. Pero hay otros lugares y otras posibilidades de adentrarse en la tranquilidad y la naturaleza.
Playa Larralde es uno de ellos: un paraje en el que solo viven cuatro familias de pescadores artesanales de salmón blanco y mariscos y, a la vez, un auténtico paraíso para los acampantes, las carpas, motorhomes y casas rodantes, para ver las bandadas de flamencos por las mañanas o, simplemente, para ir a pasar el día si uno anda por la zona.
Ubicada sobre el Golfo San José, a 24 kilómetros de Puerto Pirámides, en Playa Larralde todo es 100% naturaleza. No hay red de gas ni de electricidad, ni tampoco agua potable -es indispensable llevar la propia provisión de agua- aunque sí puestos en ambos extremos donde se puede comprar unos pocos productos para abastecerse y, por supuesto, pescado fresco. El acampe es gratuito.
Se llega sin demasiadas dificultades, por un desvío de tierra que sale desde la Ruta Provincial Nº 2 y que no es peligroso aunque sí requiere andar con cuidado, a causa de los típicos serruchos de los caminos arcillosos, los guardaganados, algunas tranqueras e incluso alguna liebre que puede cruzarse inesperadamente.
Vivir en Playa Larralde
Junto a la costa del mar azul hay algunas casillas y pocas casas de material donde viven las familias de pescadores.
“Yo salgo todos los días a pulpear y estoy muchas horas afuera. En invierno camino entre las rocas y siento muy cerca el soplido de las ballenas. El trabajo es duro, pero esto no lo cambio por nada”, le contó Flavia González al medio local Adnsur.
Pulpear es pescar pulpos con un tacho, algunos ganchos y mucha paciencia e intuición para encontrar la cueva justa. Flavia vive en Playa Larralde con su familia desde hace más de 20 años, en una casa de material pegada al cerro y alimentada de electricidad mediante paneles solares y generadores, de calefacción por leña y tubos de gas y de agua, por la que trae de Puerto Pirámides.
En el Golfo casi tampoco hay señal de teléfono ni -obviamente- internet. Para comunicarse con “el exterior”, los que saben conocen un punto, en un cerro bajo, donde eventualmente llega algo de señal, que va y viene pero, cuando aparece, permite recibir y enviar mensajes de WhatsApp.
Desconocido incluso en Chubut
El lugar es un destino poco conocido incluso para muchos chubutenses, aunque -especialmente en el este de la provincia- hay quienes descubrieron Playa Larralde y la disfrutan.
“Acá venimos siempre. Lo hacíamos cuando nuestros hijos eran chicos y ahora vienen los nietos. Aunque elijamos otro destino, esta playa no nos puede faltar”, contaron Paca Lorenzo y Hugo Ana, un matrimonio de Gaiman fanático de la paz y las caminatas.
Algo que remarcan tanto los pocos habitantes como los visitantes frecuentes de Playa Larralde es la importancia de ser respetuosos con el lugar y el ambiente: no dejar tirados ni quemar residuos -cada uno se lleva su basura-, cuidar la flora y la fauna y no molestar a los animales como, por ejemplo, los flamencos que llegan por las mañanas a alimentarse.
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