La sangre humana y la puerta abierta: el informe clave de Criminalística sobre la Ford Ranger en el caso Azul Semeñenko
Manchas de arrastre, rastros de sangre humana y una puerta abierta. Los puntos centrales que dejó la tercera jornada del juicio en Neuquén
Lucas Emiliano Bravo Berruezo, especialista en Criminalística y manchas hemáticas, participó de la requisa de la camioneta de Roberto Daniel Sánchez realizada el 18 de octubre, día del allanamiento y detención del acusado. Su declaración en la tercera jornada del juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko permitió conocer qué buscaron los peritos, qué encontraron y qué puede interpretarse técnicamente de las reacciones observadas en el habitáculo.
La Ford Ranger blanca de Sánchez ocupa un lugar central en la teoría del caso de la Fiscalía. Según la reconstrucción presentada durante las primeras jornadas del juicio, la trabajadora estatal y sexual fue registrada por última vez con vida cuando subió al asiento del acompañante de esa camioneta, en Félix San Martín y Santa Cruz, durante la madrugada del 25 de septiembre de 2025. Las cámaras siguieron después el vehículo hasta la vivienda de Sánchez, en Copahue al 1100.
La acusación sostiene que Azul ingresó a esa casa y que no volvió a salir con vida. También sostiene que, durante la madrugada siguiente, Sánchez utilizó la Ford Ranger para trasladar el cuerpo hasta la zona del canal de Valentina Norte Rural, a unos 16 kilómetros de su domicilio. Allí se mantuvo oculto hasta que fue encontrado en gran estado de descomposición el 14 de octubre. Estaba envuelto en una tela de gazebo azul y atado con alambres.
Por eso, para la Fiscalía, la requisa de la camioneta no constituye solamente un procedimiento destinado a buscar rastros: es una de las pruebas que puede aportar elementos para reconstruir qué ocurrió dentro del vehículo y cómo pudo haber sido utilizado para trasladar a Azul.
Una requisa para buscar indicios
Antes de comenzar con el vehículo, el fiscal jefe Agustín García le pidió al especialista que explicara su formación. Bravo contó que es licenciado en Criminalística, perito en Papiloscopía, diplomado en Violencia de Género y magíster en Criminología. Es docente desde hace 13 años y tiene unos 20 años de experiencia como forense.
Durante 11 años trabajó en la Policía Científica de Buenos Aires, principalmente en escenas del crimen, búsqueda de huellas y manchas, peritajes y reconstrucción de las denominadas secuencias fácticas o dinámicas de los hechos. Explicó que esa tarea consiste en analizar los indicios encontrados y, junto con los testimonios y otros elementos de la investigación, elaborar hipótesis sobre cómo pudieron haber ocurrido los hechos.
Desde hace ocho años trabaja en el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de Neuquén. Allí interviene, entre otras tareas, en trabajos de laboratorio, lugares del hecho, requisas de vehículos y prendas, autopsias y análisis de dinámicas o secuencias fácticas.
García lo llevó entonces específicamente al procedimiento realizado sobre la camioneta. La requisa de la Ford Ranger blanca, patente IWH 632, se realizó el 18 de octubre, comenzó alrededor de las 14 y terminó a las 16.50.
Bravo explicó que una requisa consiste en una inspección destinada a encontrar elementos de interés o determinados objetos buscados puntualmente. Todo el procedimiento queda documentado.
Se confecciona un acta, se toman fotografías y se deja asentado paso a paso qué se hizo y qué indicios fueron encontrados.
En la pantalla de la sala de audiencias apareció entonces el acta de intervención criminalística vehicular. El documento consignaba las características del vehículo y los distintos elementos encontrados durante el procedimiento.
Los especialistas también documentaron fotográficamente el exterior: laterales, parte superior, sector posterior y la caja de la camioneta, que tenía una estructura incorporada y el ploteo correspondiente a Gomería Belgrano.
Para ordenar el examen, dividieron el vehículo en sectores. El exterior fue identificado como sector A. El habitáculo del conductor como B. El asiento del acompañante como C. Los sectores traseros fueron identificados como D y E. A partir de allí, cada elemento o indicio fue individualizado mediante una numeración.
El Bluestar y las manchas de sangre humana
Las imágenes tomadas de la camioneta con luz natural o artificial solo mostraban suciedad. Bravo explicó que la inspección se realizó en la Jefatura de Policía, en un galpón destinado al arreglo de vehículos, donde la Ranger cabía y se podía quedar totalmente a oscuras.
Bravo explicó al jurado que una superficie puede parecer completamente limpia a simple vista y, al ser examinada con luz forense, revelar una reacción.
Uno de los recursos utilizados durante la requisa fue el Blue Star, una técnica quimioluminiscente que permite detectar rastros de sangre incluso se haya intentado ocultar. Bravo explicó que se trata de una reacción química que produce luz. "El reactivo permite detectar manchas de sangre degradadas, deterioradas o diluidas, incluso cuando una superficie pudo haber sido limpiada", indicó.
El perito hizo una aclaración importante: el Blue Star permite visualizar una posible mancha, pero después es necesario realizar un ensayo específico para determinar qué sustancia es. Por eso, durante la requisa, los especialistas primero observaban la reacción, luego señalaban la zona y finalmente realizaban el hisopado para someter la muestra a un examen.
Uno de los primeros sectores mencionados durante la audiencia fue el volante de la Ford Ranger. Allí se realizó un ensayo que dio resultado positivo para sangre humana. El hallazgo fue documentado fotográficamente y la muestra fue levantada para su posterior peritaje.
Pero el perito no se quedó solamente con la presencia o ausencia de sangre. Su trabajo también consistió en analizar cómo aparecía distribuida una determinada mancha sobre las superficies del vehículo. Y allí comenzaron a aparecer otros elementos de interés para la reconstrucción.
Sangre humana arrastrada en el asiento posterior
En el sector C, correspondiente al asiento del acompañante, los especialistas aplicaron fuentes de luz. La reacción permitió visualizar zonas que bajo luz blanca no resultaban evidentes. En la base del asiento encontraron una reacción que fue sometida a un ensayo específico para plasma seminal y dio positivo. De todas maneras, no era relevante para el caso de Azul.
El hallazgo aparece dentro de una de las zonas relevantes de la camioneta porque, según la reconstrucción presentada por la Fiscalía, Azul ocupó precisamente el asiento del acompañante cuando fue trasladada desde Félix San Martín y Santa Cruz hasta la vivienda de Sánchez.
Otro de los sectores examinados fue la parte posterior al asiento del conductor. Allí los peritos observaron luminiscencia en distintas superficies. Había reacción en el respaldo, en uno de los laterales y en el piso. Pero había algo que llamó la atención: el asiento propiamente dicho no presentaba la misma mancha.
Bravo explicó que la distribución podía interpretarse teniendo en cuenta el tipo de superficie que había intervenido. Según describió, existía un elemento aislante que impedía que la sustancia se transfiriera a la base del asiento.
La explicación técnica fue que si se tratara de una superficie como tela o papel, la transferencia podía producirse de otra manera. En cambio, un material aislante puede impedir que la sustancia alcance la superficie que se encuentra debajo.
El especialista también analizó la intensidad y homogeneidad de las manchas. Explicó que la forma en que aparece distribuida una sustancia puede aportar información sobre el comportamiento que tuvo sobre esa superficie.
No es lo mismo una mancha generada por una gota que cae que una sustancia que se desplaza o es arrastrada. En este caso, señaló que determinadas zonas presentaban una mayor homogeneidad, lo que podía ser compatible con un arrastre.
El piso y la puerta trasera izquierda con sangre humana
En el piso a simple vista no se observaba una mancha de sangre. Pero cuando se aplicó el Bluestar, apareció una reacción luminiscente. La imagen fue proyectada para que el jurado pudiera comparar ambas situaciones: la superficie tal como podía observarse normalmente y la misma zona después de aplicar el reactivo.
Los peritos marcaron sobre la fotografía las zonas donde había aparecido luminiscencia y realizaron los correspondientes hisopados. El resultado permitió establecer que la reacción correspondía a sangre humana.
La reconstrucción continuó con la puerta posterior izquierda de la camioneta, ubicada detrás del conductor. Bravo describió una particular distribución de las manchas. En la base del asiento no había reacción.
Pero sí había sangre humana en el costado del respaldo, en parte de la puerta y en el piso. El especialista señaló además que algunas de las manchas presentaban una distribución homogénea y una intensidad similar.
Pero había tres manchas lineales en el lateral de la puerta, cerca del parlante con otra intensidad y otro brillo. Los especialistas también identificaron zonas en las que no había reacción. El resultado fue positivo para sangre humana.
“Lo que haya tocado esa superficie es blando”
Uno de los puntos que más tiempo ocupó durante la explicación fue la distribución de las manchas en la puerta. Bravo mostró fotografías tomadas con la puerta abierta y explicó que la reacción aparecía en distintas partes del respaldo, el borde del asiento, el vano de la puerta, el lateral y el zócalo.
También se observaba la inscripción “Ranger”, que tiene una superficie con relieve y sectores más bajos. La reacción aparecía tanto en las partes altas como en las bajas con una intensidad similar.
A partir de esa distribución, el perito explicó que aquello que había entrado en contacto con esa superficie debía tener cierta capacidad de adaptación. “Lo que sea que haya tocado esa superficie y distribuido la mancha original es blando”, fue la conclusión técnica que transmitió.
La explicación se vinculó con la posibilidad de que el elemento que produjo la transferencia pudiera adaptarse a una superficie irregular. Cabe preguntarse por el gazebo azul que se utilizó para envolver el cuerpo de Azul.
Pero había otro detalle. Cuando la puerta está cerrada, la inscripción “Ranger” queda cubierta. Por eso, explicó que la puerta debía encontrarse abierta para que esa zona pudiera presentar esa distribución de manchas de sangre humana.
La camioneta y la posibilidad de trasladar un cuerpo
El fiscal Agustín García también consultó al especialista por las dimensiones del vehículo. Bravo explicó que se trata de una pick up de una amplitud considerable, donde el sector trasero tiene espacio suficiente para que una persona pueda permanecer acostada.
En la parte delantera describió que hay dos butacas y un apoyabrazos, con un habitáculo amplio. La explicación fue incorporada a la audiencia en el marco de la hipótesis de traslado que sostiene la Fiscalía.
No se trataba solamente de determinar si había manchas: también era necesario establecer qué posibilidades materiales ofrecía el vehículo para la secuencia que la acusación reconstruye del traslado en el sector trasero.
La declaración de Bravo se incorporó así a una teoría fiscal que ya había comenzado a reconstruirse mediante las cámaras de seguridad. Primero, Azul fue registrada subiendo al asiento del acompañante de la Ford Ranger.
Después, las cámaras mostraron el ingreso de la camioneta a la vivienda de Sánchez. La acusación sostiene que Azul no salió con vida de esa casa.
En la madrugada del 26 de septiembre, las cámaras registraron a Sánchez estacionando la camioneta pegada a la entrada de su casa, y tras apagar la luz externa, fue captado cuando abrió la puerta trasera izquierda y cargó un elemento. Luego, los policías reconstruyeron con domos de la ciudad el recorrido que hizo hacia la zona rural de Valentina Norte, donde posteriormente fue encontrado el cuerpo.
El peritaje de Bravo aportó otra dimensión a esa reconstrucción: dentro de esa misma camioneta fueron detectadas distintas reacciones positivas para sangre humana, incluida la presencia de sangre en el volante, sectores del habitáculo y la parte trasera.
El especialista no afirmó ante el jurado que en su mayoría son "manchas de arrastre", y hubo un elemento que impidió la transferencia a la base del asiento. Su tarea fue explicar qué técnicas se utilizaron, qué reacciones aparecieron y qué características presentaban las manchas.
La interpretación de esos indicios quedará ahora integrada con el resto de la prueba que el jurado deberá valorar: las cámaras, los rastros encontrados en la vivienda, los peritajes sobre el cuerpo y las demás evidencias incorporadas durante el juicio.
La querella no realizó preguntas. La defensa pidió inicialmente un minuto para evaluar su intervención, pero finalmente informó que no tenía preguntas para el perito.
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