Una familia de San Martín de los Andes, conformada por seis integrantes, partió los primeros días de diciembre del 2018 con el objetivo de unir toda la América hispanohablante, con su camioneta Ford Transit 1997 reacondicionada para ser su hogar. Lo que no contaban era que una vez en su último destino programado, México, se iba a desatar una pandemia mundial que les imposibilitaría volver a ingresar a su país.
Ante la complicada situación que les toca atravesar, lejos de su hogar, pero unidos como familia y con tantas nuevas amistades y nuevos recuerdos forjados, la situación los apremia a volver a su casa. Es por ello que fabricantes y artesanos de San Martín de los Andes, en un principio, y del resto de Argentina, posteriormente, conmovidos por su historia, decidieron aportar su granito de arena para ayudarlos a volver a su casa.
“Hay 40 artesanos argentinos que nos donaron productos fabricados por ellos, entonces nosotros lo publicamos y le hacemos publicidad en nuestras redes sociales, se vende la rifa y ellos mismo se encargan de enviarlo a los ganadores, nos aportaron el producto y envío”, explicó Graciela, madre de la familia viajera a LMN.
En este sentido, detalló que necesitan vender 999 números, los cuales tienen un costo de mil pesos cada uno. “Necesitamos vender 500 rifas para pagar los seis pasajes y después los otros restantes se destinan a enviar la camioneta, que fue nuestro hogar durante todos estos meses y donde tenemos todas nuestras herramientas de trabajo”, aseveró.
Además de los productos artesanales donados por productores de todo el territorio argentino, amistades que han hecho a lo largo de los extensos kilómetros recorridos donaron también un intercambio de casas. “Para las personas que nos gusta viajar, ese premio es buenísimo porque te permite intercambiar tu casa con alguien de otro país y pasar una temporada afuera”, destacó.
Por eso, la familia no descarta la posibilidad de tener que dejar el vehículo en el país que los cobijó durante los últimos veinte meses. “Sabemos cuál es la realidad económica de Argentina, por eso la camioneta está en un segundo plano, nuestro principal objetivo es volver a nuestro país. Si la tenemos que dejar acá, nuestra próxima meta va a ser volver en un futuro no muy lejano a buscarla, porque es nuestro hogar, nuestra casa”, aseguró.
Graciela informó que de momento se les ha vuelto imposible volver por tierra, como era el plan en un principio, debido a que para ingresar a cada país se les pide PCR por cada integrante de la familia. “El costo aproximado es de 100 dólares por personasy dada la cantidad de países que tenés que atravesar se nos vuelve imposible, por eso optamos por volver directamente en avión”, precisó.
Cómo vivieron las restricciones por la pandemia durante el 2020
Según contó Graciela a LMN, su arribo a México fue durante los primeros días de enero del 2020 y planeaban quedarse los nueve meses que el gobierno de ese país le permite a los turistas, pero el cierre de fronteras les obligó a retrasar su partida más de un año. “Nosotros estamos en la capital del Estado de Chiapas, en Tuxla Gutiérrez, al sur de México, y en este momento estamos compartiendo con una familia que más o menos nos adoptó hace un mes, pero ya es hora de volver a nuestra ciudad”, contó.
“Nosotros estamos felizmente varados en México, porque agradecemos que nos haya agarrado la pandemia acá, ya que este es un país que no cerró fronteras y por eso pudimos seguir rodando, disfrutando de sus lugares. Pero ahora la verdad que se puso en una situación difícil porque ya no nos movemos, entonces ya no vamos vendiendo en el camino”, relató.
Graciela y su esposo Claudio son los creadores de Ludmanito SMA, un emprendimiento de juguetes didácticos que ellos mismos realizan en madera y que les permitieron solventar el viaje desde su partida. A bordo de su camioneta, fabrican rompecabezas y otros juegos coloridos que venden en el camino y les dan los recursos necesarios para seguir.
En este sentido, precisó que su economía familiar se ha visto reducida debido a que no pueden vender los productos didácticos que fabrican y con los que han podido costear su viaje. “El estar en una ciudad es un poco desventaja, porque los que te compran suelen ser turistas que se copan con nuestro proyecto”, explicó.
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