A menos de una semana del regreso de la presencialidad a las escuelas porteñas, permanece la incertidumbre acerca del protocolo en posibles casos de contagios dentro de las burbujas. Después de un año sin clases, con una vuelta a las aulas que será sin dudas una transición, el Gobierno porteño publicó en el Boletín Oficial y difundió entre los directivos de establecimientos educativos privados y públicos, un protocolo para el inicio de las clases presenciales 2021.
Según establece este documento, no está previsto que las escuelas cierren si aparece un caso positivo entre docentes, no docentes o alumnos y alumnas. Para ello aislarán a los integrantes de la burbuja. En la provincia de Neuquén contarán con una sala de aislamientos para estos casos. .
Fueron contundentes además, la Ministra de Educación, Soledad Acuña, y el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, cuando avisaron este jueves que "en ningún caso va a haber suspensión de clases o cierre de escuelas".
Según lo establecido por el protocolo, cuando se detecte un caso sospechoso en el transcurso de las clases, las personas deberán ser aisladas en la misma escuela. En algún lugar del colegio debe haber un espacio físico donde puedan aislarse quienes presenten síntomas, "preferentemente con puerta, ventana y baño propio". Lo ideal es que esa persona -docente o alumno- permanezca sola en el lugar.
En casos que los síntomas se presenten antes de llegar a la escuela la idea es que las familias de los chicos envíen una declaración jurada manifestando que el estudiante tiene síntomas compatibles con el coronavirus y una constancia médica de esta situación. Cuando se trate de un docente o personal no docente, deberá solicitar licencia y adjuntar constancia médica.
Allí se procederá con los hisopados pertinentes para descartar o confirmar la posibilidad. Mientras tanto, la burbuja que comparta con el caso sospechoso quedará aislada de las escuelas.
La intención, claro, es tener la mayoría de los recaudos posibles para evitar contagios dentro de las burbujas sanitarias. Aunque claro, es sabido que la posibilidad siempre está latente. Por lo que el protocolo establece que, si se trata de un docente, quedarán aislados todos los alumnos que pertenecen a su burbuja. El aislamiento abarcará a los estudiantes y docentes de esas burbujas pero no obligará a los familiares a realizar el aislamiento.
Para ello, los alumnos y las alumnas deberán permanecer aislados durante 10 días. Si alguna de estas personas fuera sintomática, se contarán a partir del día en que comenzaron esos síntomas. Pero si la persona es asintomática, el plazo correrá a partir de la fecha del testeo.
No descartan además realizar testeos a personal docente y no docente a fin de evitar posibles contagios dentro de las burbujas, más teniendo en cuenta la cantidad de casos asintomáticos que se han registrado desde el inicio de la pandemia por el mes de marzo.
Claro, este protocolo no establece ningún tipo de camino a seguir en casos donde los contagios se den entre el personal no docente. En estas situaciones se manejará como fue habitual durante el aislamiento. Se deberá identificar los positivos y sus contactos estrechos para mantenerlos aislados.
Aunque claro, más allá de la genialidad y practicidad que puedan demostrar los protocolos, mucho dependerá del estado edilicio y sanitario en el que se encuentren las escuelas después del parate de un año.
Los gremios ya pusieron el grito en el cielo con las condiciones en las que se han encontrado los baños y techos de las escuelas y ponen en duda la capacidad de la Educación Pública de aplicar estos protocolos.
A cuatro días del comienzo de las clases los gremios denuncian que se encontraron algunas aún en obra, otras sin agua, con falta evidente de limpieza, sin alcohol en gel ni jabón en los dispensers.
Los gremios están expectantes de saber si el protocolo funcionará, pero también si el gobierno porteño, que fue uno de los más insistentes con el regreso a clases presenciales, está a la altura de la circunstancias.
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