Bajar de las estrellas
Neuquén > Un show en La Trastienda de Buenos Aires, en el quisieron hacer una suerte de “Rock and Roll Circus" (filme de 1996 los Rolling Sontes que incluye dos conciertos realizados en un escenario circo) argentino, fue la patada inicial para comenzar a rodar. Y a casi un año de haber arrancado, mal no les está yendo.
Luego de que Juan Sebastián Gutiérrez comunicara, en 2011, la separación de Ratones Paranoicos, Roy Quiroga (batería), Pablo Memi (bajo) y Pablo “Sarcófago” Cano (guitarra) aún sentían que la química estaba intacta. Y por ese motivo decidieron llevar adelante Circo Paranoico, un proyecto musical que está recorriendo el país y que incluye canciones –algunos lado B- de la histórica banda, de Pappo, Spinetta y Rolling Stones.
Antes del show que ofrecerán hoy, a partir de la medianoche, en Amelie Bar, junto a Mariano Hernandorena en voz; Roy habló de esta nueva etapa que los hizo “bajar al llano”, y que los tiene en un contacto más directo con la gente.
“Es bajar de las estrellas e ir donde todo nace con toda la experiencia que uno trae”, dijo el baterista, que también adelantó que a mitad de año es probable que se edite el primer disco, con nuevas canciones, de este circo que esta de gira y que se sorprende por la respuestas.
“Es increíble ver chicos de 15 años que quizás nunca vieron a Ratones Paranoicos”, sentencia uno de los miembros fundadores de la banda que a mediado de los ’80 fue la que instaló el “rock stone” en el país.
Justamente Quiroga dedicó un apartado a cómo se tomó la disolución de Ratones, algo que ya se percibía en el último tramo, con la eventual salida del disco solista de Juanse.
“El está en su historia, hace la suya. Nosotros seguimos tocando porque nos gusta, hay química y porque somos amigos”, afirmó Roy.
¿Cuándo surge Circo Paranoico y con qué se va a encontrar la gente?
Es una banda que tiene tres miembros fundadores de Ratones Paranoicos con un invitado que es Mariano Hernandorena (guitarra y voz). Venimos trabajando hace ocho meses, un año. Cada uno de nosotros venía tocando con su banda y el año pasado decidimos armar algo para salir adelante. En realidad Circo Paranoico nace de un espectáculo que hicimos en La Trastienda (Buenos Aires) donde nos juntamos todos haciendo una banda de jazz. En ese show participaron músicos como Toti de Pordioseros, Pablo Fortuna y Facundo Soto, de Guasones. Entre los bloques había malabaristas y artistas callejeros. De ahí el nombre. Después el show incluye temas de Ratones que nos gustan a nosotros con el agregado de temas de Pappo, Spinetta y Rolling Stones. En el caso de Pappo hacemos “El gato de la calle negra”, que es un tema que no está muy usado. De Ratones hacemos “Pesado burdel”, que es como una perlita o “Rainbow”.
En el caso de la voz ¿quién se hace cargo?.
La voz principal es Sarco. Mariano canta algunos temas de los Stones. Sarco venía haciendo show y se maneja muy bien. Igual vemos que temas quedan bien en su voz. Va cambiando bastante la lista de canciones.
A la hora de armar el proyecto ¿qué peso más: las ganas de seguir con la música o el público que todavía quiere escuchar las canciones de Ratones?.
Nunca dejamos de tocar juntos. Fue un poco las ganas de la gente de vernos juntos y un poco de nosotros de hacer el proyecto. Cuando comenzamos a “rodar” por suerte nos comenzaron a llamar de otras ciudades. A Neuquén llegamos a través de la banda Choco’s Blues. Estamos muy contentos con la gira por la Patagonia. La gente nos recibió muy bien y nos arenga para que Circo Paranoico siga adelante. Por ahora lo hacemos de manera independiente.
Es un poco volver a los inicios
Es como bajar al llano. Bajar de las estrellas, e ir donde todo nace con toda la experiencia que uno trae. Es un poco el sueño del pibe. Volver a empezar con todo lo vivido antes. Al principio fue medio chocante porque hay que acomodarse. En mi caso ahora me siento muy cómodo con este trato directo que tenemos con todo el mundo.
Hablaste de “volver la llano” ¿qué fue lo que pasó?.
Cuando tocás sólo en estadios, la pasás en hoteles cinco estrellas, en aviones. Es como que uno se pierde. Vivís como en una nube de pedos y la realidad es otra. Por eso es bueno bajar y saber dónde estás parado, porque es como una irrealidad lo que vivís. Igual, en mi caso, nunca fui una persona de creerme nada. De todas maneras uno vive aislado de lo que pasa con la gente. El que te quiere saludar ni puede, porque no lo dejan llegar. Ahora podemos hablar con la gente y con bandas que tocan antes que nosotros.
Antes que se concrete Circo Paranoico estuviste tocando con otras bandas ¿cómo fue la experiencia?.
El año pasado giré solo y se produjo esa conexión directa con el público y bandas. Toqué como invitado con grupos que tienen algunos años o que están arrancando como La Posta, que son de Paraná, Rockonautas, de Bahía Blanca, La Lengua, de Cañada de Gómez. En Balcarce armé una banda a la que le pusimos Roy y los Postres. En ocasiones también he dado charlas o clínicas de batería.
¿Qué te llamó la atención de toda esta etapa?
El público. Es increíble ver chicos de 15 o 20 años que quizás nunca vieron a Ratones. En Bariloche sucedió. Es buenísimo que les guste la música que hacemos y bailen. Se renueva constantemente el público y es algo que nos pasó toda la vida. Pasan los años y el promedio de edad es casi siempre el mismo. El reconocimiento para el músico es importantísimo. Uno sigue vigente y eso pesa.
¿Circo Paranoico ya tiene sus propias canciones, piensa en un disco?
Hay bosquejos de canciones nuevas y seguramente este año estará el disco. Por ahora no hay temas en vivo, porque los estamos armando. Pero la parte musical ya está. Calculo que a mitad de año va estar listo el disco. Igual por ahora estamos bien. Si se da un paso más adelante va ser de forma natural. No forzadamente.
En 2011 Juanse comunicó al disolución de Ratones Paranoicos ¿han vuelto hablar sobre el tema?.
No. El está en su historia, hace la suya (por Juanse). Cerca de fin de año nos cruzamos, pero no hay peleas ni nada. Sabíamos que se venía un disco solista de él. Nosotros seguimos porque nos gusta tocar juntos y somos amigos. Hay muy buena química, que es algo muy difícil de conseguir. El mérito nuestro fue que en el escenario éramos una masa. Esa esencia la mantenemos, de sonar compacto y de saber que tiene que hacer cada uno.
¿Te cayó mal que sea mediante un comunicado la separación del grupo?
Medio que lo veníamos hablando y como que no fue una sorpresa. A mí no me molestó. Es un cambio importante en la vida de uno, porque venís tocando con una banda tan grosa toda la vida. Tocar en este formato es como que se te mueve la estructura. Ahora hay que pensar un montón de cosas y por donde ir. Nada dura para siempre, la vida continúa (risas).
¿Qué show de Ratones te marcó o cambió de alguna forma tu vida?
Nos pasaron tantas cosas en la carrera. Por ejemplo, el primer estadio Obras fue muy importante porque éramos una banda que tocaba en bares. Los cinco show con los Rolling Stones en River y la invitación de ellos para tocar en Chile, fue impresionante. Después, emocionalmente, tocar en el Luna Park con Spinetta fue el sueño realizado. Es el músico que más admiro en el mundo. Charlar, zapar, tenerlo en la sala de ensayo fue un sueño. También tuvimos conciertos con Mick Taylor -miembro de los Stones entre 1969 y 1975-, Pappo, Charly…,han pasado tantas cosas buenas.
¿Con qué disco de Ratones te quedás?
Escucho todos los discos. Pero el que más me gusta es “Los Chicos quieren rock” (1988). Ahí está plasmada la esencia de la banda. Si escuchas todos esos temas te van a quedar para toda la vida. Los artistas son bastante críticos con su obra. En mi caso escucho todos (los discos) y me gustan todos. Los tengo en un I pod. Pongo shuffle y sale toda la historia. Además tengo cosas no editadas y otras en vivo que nunca salieron.
A ese material no editado ¿se pensó sacarlo en un futuro?
No arreglamos nunca nada. Está ahí. Todos tenemos el material. Se puede hacer algo, pero por ahora estamos contentos con Circo Paranoico que nos pone felices porque la gente te quiere ver y también porque nos contratan. Eso te hace olvidar de otras cosas que en este momento no tienen importancia. (L.C.)
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