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La Mañana Azul Semeñenko

Juicio por Azul Semeñenko: una antropóloga explicó al jurado por qué se trata de un crimen de odio contra personas trans

A pedido de la Fiscalía explicó qué es overkill. También cómo se construye la violencia estructural que atraviesa a las personas travestis y trans.

La tercera audiencia del juicio por el transfemicidio de Azul Mía Natasha Semeñenko tuvo un testimonio particularmente orientado a explicar al jurado popular qué hay detrás de los llamados crímenes de prejuicio u odio contra las personas travestis y trans que forman parte de la acusación contra Roberto Daniel Sánchez.

Josefina Fernández, antropóloga y magíster en Sociología de la Cultura, llegó al juicio desde Buenos Aires convocada por la fiscalía y adhesión de la querella que representa al hermano de la víctima. Su trayectoria está especializada desde mediados de la década de 1990 en género y diversidad sexual.

Fue autora de la primera etnografía realizada en Argentina y la región sobre las condiciones de vida del colectivo travesti y trans y participó de investigaciones estadísticas sobre vivienda, vínculos familiares, educación, acceso a la salud y situaciones de violencia. También estudió la incidencia de la ley de identidad de género en el colectivo.

Fue directora nacional del entonces Consejo Nacional de las Mujeres, luego llamado Ministerio de las Mujeres y Diversidades (extinto bajo el actual gobierno). Fue consultora de distintos organismos internacionales, como UNICEF y ONU.

La antropóloga Josefina Fernández. Gentileza: La Revuelta.

La antropóloga Josefina Fernández. Gentileza: La Revuelta.

Durante el juicio el anuncio de su extenso currículum y conocimientos académicos se puso al servicio de las preguntas de la Fiscalía: qué características tiene un crimen cometido contra una travesti y una mujer trans, qué son los estereotipos, los prejuicios y las discriminaciones, cómo se construye la violencia estructural que atraviesa a las personas travestis y trans.

Su declaración adquirió especial relevancia por los agravantes que forman parte de la acusación contra Roberto Daniel Sánchez por homicidio de Azul Semeñenko, entre ellos el ensañamiento, el odio por la identidad de género y la violencia de género.

Dijo cuáles son los indicadores que pueden aparecer en los crímenes por prejuicio u odio: habló del ensañamiento, las lesiones “overkill”, los términos despectivos, el desprecio sobre el cuerpo y el ocultamiento de los cuerpos sin vida.

“Desde el comienzo de sus vidas las personas travesti trans son excluidas”

“No necesitan ver mis genitales, con mi ropa, mis maneras de hablar, mis aros, los convencen a ustedes de que yo soy una mujer”, expresó Josefina ante el jurado popular compuesto por seis mujeres y seis varones, así como suplentes, todo con paridad de género, binaria.

En este sentido, explicó qué es la identidad de género: “rompe con esa contigüidad entre sexo biológico y el género, dice no necesariamente tenemos que ser mujeres porque nuestros genitales sean femeninos, podemos nacer con genitales masculinos y en el transcurso de nuestra vida adoptar guna identidad femenina”.

Por eso, indicó que el género no es un mandato biológico, es una identidad cultural: “es lo que hacen de nosotros desde que nacemos e incluso antes, porque si se conoce el sexo del feto ya la familia escoge colores, ropas, empieza proceso de generización de las personas”.

Luego, antes de hablar específicamente de los crímenes de prejuicio, Fernández explicó al jurado cómo se construye la vulnerabilidad de las personas travestis y trans. Lo hizo a partir de un recorrido que comienza en la infancia. “Desde el comienzo de sus vidas son excluidas, violentadas, vilipendiadas, despreciadas, incluso en el interior de sus propios hogares”, afirmó.

Según explicó, la identificación con un género diferente al asignado al nacer puede comenzar a manifestarse entre los 5 y los 6 años, coincidente con la edad que indicó la hermana de Azul, Romina Millapán en su declaración: "Daniel…les manifestó a los 6 que él quería ser nena”.

En adelante, Josefina describió situaciones vinculadas con la historia de Azul antes descritas por la hermana. Sostuvo que esa expresión genera conflictos familiares que pueden terminar en la expulsión del hogar con un promedio entre los 9 y los 13 años aunque también puede producirse dentro de la propia casa.

“La persona se mantiene en el hogar, pero es segregada por la familia, reducida quizás a un cuarto, una habitación, alejada de las actividades comunes de la familia, una fiesta, un cumpleaños, un almuerzo, una cena”, describió.

Para Fernández, esa expulsión o segregación temprana tiene consecuencias que se encadenan durante toda la vida. “El abandono de la familia deriva necesariamente en el abandono escolar”, afirmó y agregó: “De ahí que la escolaridad de la población travesti sea tan baja”.

El ingreso al trabajo sexual y la exposición a la violencia

La antropóloga explicó que la expulsión del hogar y el abandono escolar también pueden llevar al ingreso temprano al trabajo sexual. “Empiezan a trabajar como trabajadoras sexuales porque es lo único que les procura ingresos”, señaló.

En ese contexto, explicó, la calle va acompañada de la exposición a distintos tipos de violencia. “El ejercicio del trabajo sexual por parte de travestis, pero también de mujeres, mayoritariamente se desarrolla en la calle y los niveles de riesgo que se corren en ese contexto son muy altos”, dijo.

Según Fernández, la violencia “más grave” puede provenir tanto de clientes como de las fuerzas de seguridad. También mencionó otros riesgos, entre ellos las enfermedades de transmisión sexual y el consumo problemático de drogas.

En ese punto, la Fiscalía profundizó sobre una cuestión que la testigo había mencionado: la relación entre el consumo de sustancias y el trabajo sexual.

Fernández explicó que existen estudios que vinculan ambos fenómenos y señaló que el consumo puede aparecer tanto como una forma de afrontar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo como por exigencias o mejores acuerdos económicos con clientes.

Incluso, indicó, puede haber clientes que ofrecen un pago mayor si el intercambio sexual está acompañado por el consumo de una sustancia. “Puede hasta evaluarse como un mecanismo adaptativo a la situación de trabajo”, explicó.

Estereotipo, prejuicio y discriminación

El fiscal jefe Agustín García llevó entonces el interrogatorio hacia uno de los puntos centrales del testimonio.

—¿Qué se entiende por prejuicios, estereotipos y discriminaciones?

Fernández comenzó por el primer concepto.

“El estereotipo es una idea preconcebida sobre un grupo a partir de tomar un conjunto de rasgos de una persona”, explicó. Y dio ejemplos para que el concepto pudiera ser comprendido con claridad dado que “estamos plagados y plagadas de estereotipos”: solo para dar algún ejemplo, el gitano roba niños”.

La diferencia con el prejuicio, explicó, aparece cuando ese estereotipo comienza a determinar conductas. Y agregó: “La discriminación es un orden más, realmente un comportamiento serio sobre determinados grupos, generalmente con connotaciones negativas”.

García volvió a preguntarle cómo se manifiestan esos conceptos específicamente sobre las personas trans.

“Cuando esos estereotipos, prejuicios y discriminaciones están organizados en torno al género y la diversidad estamos ante prejuicios de género o prejuicios por diversidad sexual”, respondió Fernández.

Crimen de odio, crimen por prejuicio y travesticidio

La Fiscalía llevó entonces el testimonio hacia los conceptos centrales que buscaba explicar al jurado.

—¿Qué son los crímenes de prejuicio u odio hacia miembros de la comunidad trans?

Fernández explicó que existen distintas denominaciones para referirse a este tipo de hechos y marcó una diferencia particularmente importante.

“El crimen de odio fue un concepto forjado en los años 80 en Estados Unidos para visibilizar delitos contra personas o grupos integrantes de determinada etnia o religión”, explicó. Hacia 2008-2009 se incorporaron también las cuestiones vinculadas al género y la diversidad sexual.

Pero luego introdujo el concepto de crimen por prejuicio, vinculado con la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“La Corte dice que crimen de odio es un concepto que tiene en cuenta al actor que provoca el delito, no a las condiciones estructurales de vida de la víctima”, explicó y remarcó:

“Es muy enfática en la necesidad de incorporar en el análisis la vulneración estructural que padece el colectivo travestis y trans”. Por eso, sostuvo, el concepto de crimen por prejuicio permite analizar el hecho individual dentro de un contexto social más amplio.

“Son crímenes que no tienen que ver sólo con el actor, sino que están inscritos en un contexto de valoración de un colectivo que padece una violencia estructural, una violencia que es crónica, que como dije recién empieza en la infancia y se mantiene”, afirmó.

También habló del término travesticidio como un concepto mucho más reciente, explicó, y señaló que comenzó a utilizarse públicamente a partir del asesinato de Diana Sacayán. Fernández lo definió como “el último eslabón de una cadena de vulnerabilidades sucesivas que padece el colectivo”.

El contexto para no reducir el crimen de odio a un episodio aislado

La Fiscalía le preguntó entonces por la importancia de analizar el contexto en este tipo de investigaciones. La testigo fue categórica:

“Independientemente de la persona que lo comete, la comisión de ese delito está inscripta en estas condiciones de vida del colectivo travesti trans”.

Y explicó por qué consideraba importante esa mirada. “Advierte que la importancia de analizar ese contexto es evitar que quienes cometen estos delitos sean excusados bajo argumentos de ‘tuve un ataque de pánico sexual’ o ‘ motivado por emoción violenta a cometer el delito’”, señaló.

Fernández comparó esos argumentos con el antiguo concepto de “crimen pasional” utilizado durante años para explicar los asesinatos de mujeres cometidos por varones. “Ya no se usa el crimen pasional, pero durante muchos años, cuando un varón, en general pareja íntima de una mujer, mataba a esta mujer, la argumentación era el crimen pasional y eso por supuesto o aliviaba la pena o absolvía al agresor. Ahora se habla de femicidio”, explicó en cuanto al término político que define el agravante de violencia de género incluído en el código penal desde 2012.

Indicadores de un crimen de odio contra una mujer trans

García avanzó entonces hacia una de las partes más importantes de la declaración.

—¿Cómo se manifiestan estos crímenes de prejuicio y de odio sobre las personas trans? ¿Qué indicadores aparecen?

Fernández explicó que existen características que pueden compartir con los femicidios y otras que presentan particularidades.

“Los femicidios habitualmente transcurren en el domicilio personal de la víctima, un espacio íntimo, un espacio familiar”, explicó En cambio:

“Los travesticidios transcurren en general en ámbitos públicos o en casas de personas ajenas a la persona”. En el caso de Azul, la escena del crimen es la casa de Sánchez, quien la llevó a su casa en Copahue al 1100 donde se secuestraron contundentes pruebas del transfemicidio.

Y agregó una diferencia que consideró central: “En un femicidio lo que se intenta suprimir es el género femenino”.

“En el caso del travesticidio no solo se intenta suprimir la femineidad ilegal que porta esa persona, sino que se intenta suprimir ese orden de género del cual hablé antes, esa ruptura que hace el travestismo entre tener un sexo y tener un género distinto”..

A partir de allí enumeró algunos de los indicadores que pueden aparecer.

“Uno es el ensañamiento, la saña con que se realiza”, señaló. En este sentido habló de las lesiones overkill. “Aun cuando con un tiro se podría eliminar esa persona, se tiran seis, siete tiros”, ejemplificó.

Y en el caso de un arma blanca, como en el caso de Azul cuyo cuerpo presentaba 25 puñaladas en su rostro y otras partes del cuerpo, así como fracturas y golpes.

“Aun cuando con un arma blanca se pudiera eliminar esa persona, hay lo que se llama el overkill, o sea, hay una cantidad de puñaladas innecesarias, que pueden afectar distintas partes del cuerpo”.

Luego, agregó, “no solo asesinarla, sino suprimir en esa persona de manera severa y escandalosa”. Pero Fernández hizo una aclaración importante para el jurado:

“Los indicadores son siempre retrospectivos. Estos indicadores puede haber una presencia y otra no, no necesariamente se dan todas juntas”.

Es decir, la ausencia de uno de ellos no permite, por sí sola, descartar la existencia de un crimen por prejuicio.

“Matar aquello que lo identifica como tal”

García volvió sobre el concepto de overkill para que Fernández lo explicara específicamente ante los jurados. La antropóloga lo definió como un asesinato “excesivo”.

Pero inmediatamente agregó una reflexión que fue uno de los momentos más fuertes de su declaración:

“Asesinar a una persona pero no solo asesinarla, sino suprimir en esa persona de manera severa y escandalosa la vida o cabe la pregunta si es la vida de la víctima o lo que le atrae a la persona de esa víctima, matar aquello que lo identifica como tal”.

El fiscal le pidió que explicara esa última frase. Fernández citó entonces a la filósofa estadounidense Judith Butler, quien analizó los asesinatos de mujeres trans en Estados Unidos.

“Se pregunta qué es lo que mata el agresor de una travesti, una trans cuando la mata. ¿Mata a la travesti o mata el deseo que él tiene por la travesti?”, relató.

Y desarrolló: “Mata la identificación que le produce esa travesti, que en definitiva es una identificación negativa”.

Según explicó, muchas relaciones entre mujeres trans y varones heterosexuales permanecen en la clandestinidad debido al prejuicio social. “Tener una relación con una travesti que se publique, que se publicite, es motivo de vergüenza y escarnio”, sostuvo.

El daño overkill sobre el cuerpo de las personas trans

El fiscal volvió entonces sobre el overkill y preguntó si, en determinados casos, ese exceso puede concentrarse sobre partes del cuerpo asociadas a la identidad de género. Fernández respondió que puede ocurrir, pero volvió a remarcar que ningún indicador debe analizarse de manera aislada.

“En ocasiones el crimen o la agresión hacia el asesinato de una travesti, por ejemplo, supone el daño de los genitales o el daño de los pechos”, explicó. Pero inmediatamente aclaró: “No quiere decir que en todos los casos se produzca esto, porque como digo es un indicador entre tantos otros”.

También mencionó el rostro como otra de las partes del cuerpo que pueden resultar especialmente afectadas.

Los insultos a las personas trans y el descarte en canales

García le preguntó entonces por otro de los indicadores que había mencionado: los términos despectivos, humillantes o degradantes utilizados antes o después del crimen.

La pregunta fue directa: —Siendo una mujer trans, ¿Cuál sería un término despectivo que se podría utilizar? “‘Puto’, ‘maricón’, ‘chongo’, si hay algún tipo de relación”, mencionó Fernández como algunos de los términos frecuentes y comunes.

El fiscal avanzó luego hacia otro indicador: el desprecio sobre el cuerpo. Cabe destacar que la acusación sostiene que después de matar brutalmente a Azul, Sánchez ocultó su cuerpo 24 horas en la casa hasta que lo trasladó en su camioneta unos 16 kilómetros hasta arrojarlo de madrugada en un canal de Valentina Norte Rural.

En este sentido, Fernández explicó que los cuerpos de las personas trans pueden ser descartados en zona periféricas. “En general son cuerpos que son desechados en zonas de difícil acceso para la ciudadanía, en zanjones o en campos o lugares que no son visitados frecuentemente”, había señalado.

A esa descripción se sumó la pregunta de la Fiscalía sobre el ocultamiento no solo del cuerpo sino del crimen y si podía ser considerado dentro de los estándares como un indicador asociado al desprecio por el cuerpo.

“No es un cuerpo que merece ser amado”

Otro de los puntos abordados fue quiénes suelen ser los autores de estos crímenes.

García le preguntó a Fernández:

—En el caso de las mujeres trans, generalmente, ¿Quién termina siendo el autor de estos crímenes?

La respuesta volvió a introducir el contexto de exclusión y clandestinidad.

“En general no es su pareja íntima porque tampoco es un colectivo que establezca relaciones amorosas, no porque no lo desee, sino porque no es un cuerpo que merece ser amado y si merece ser amado es en condiciones de clandestinidad”, afirmó.

Según explicó, uno de los vínculos más frecuentes aparece entonces en el contexto del trabajo sexual y la relación con los clientes.

Pero Fernández introdujo una particularidad: la calle puede ser, paradójicamente, un espacio de violencia y al mismo tiempo uno de los pocos lugares donde las personas trans encuentran reconocimiento de su identidad.

“El espacio de la prostitución no solo es una fuente de ingresos, sino que es también un espacio de reconocimiento de la identidad femenina”, señaló.

Y agregó: “Es el único espacio que la sociedad les da a las travestis para reconocerse, es el único espacio en el que son miradas con buenas intenciones, digamos, que son deseadas por alguna persona”.

El Estado y una vulnerabilidad que comienza en la infancia

Antes de terminar su declaración, la Fiscalía realizó una última pregunta:

—¿Por qué en estos crímenes es importante analizar el contexto social y cultural en el que ocurre?

Fernández respondió que hacerlo permite observar algo que excede al momento concreto del asesinato.

“En primer lugar, porque se visibiliza el abandono del Estado”, afirmó. Y definió ese abandono con una expresión particularmente contundente:

“Un abandono que yo lo llamo siempre un abandono gestionado, porque no es un abandono que ocurre una vez en la trayectoria de vida de la persona, es un abandono que empieza desde la edad más temprana”.

Luego enumeró las ausencias que, según su explicación, se acumulan a lo largo de esa trayectoria:

“El Estado no está para obligarla a ir a la escuela, no está para intervenir en los maltratos familiares, no está para garantizarle el acceso a la salud”.

Para Fernández, analizar esa violencia estructural también permite evitar explicaciones que reduzcan el crimen a una reacción individual.

“El análisis de la situación de violencia estructural permite evadir argumentos de crímenes motivados por emociones violentas o argumentos tales como el pánico sexual, porque inscribe el acto en una situación de vulnerabilidad estructural”, explicó.

Y cerró con una definición que dejó planteada ante los doce integrantes del jurado popular:

“Nos obliga a todos, a todas y todos nosotros a pensar que la vida del colectivo travestis trans merece ser vivida como la vivimos cada una y cada uno de nosotros”.

El testimonio de Fernández aportó así un marco conceptual para leer el caso de Azul desde una perspectiva que no se limita al momento de su asesinato. Su exposición ante el jurado permitió recorrer desde la infancia y las expulsiones familiares hasta la violencia en la calle, la discriminación, los prejuicios, la clandestinidad de los vínculos sexoafectivos y los indicadores que pueden aparecer en un crimen contra una mujer trans.

Como se destacó anteriormente, ese recorrido adquiere particular relevancia al cotejarlo con el testimonio que Romina Millapán, hermana de Azul, brindó durante la primera audiencia del juicio, cuando reconstruyó ante el jurado la historia de vida de su hermana y las experiencias de violencia, discriminación y exclusión que atravesaron su trayectoria familiar, educativa y laboral.

En la tercera audiencia, Fernández no habló específicamente de esos episodios de la vida de Azul. Lo que hizo fue aportar las herramientas para que el jurado pueda analizar, a partir de la prueba que escuche durante el juicio, si esas dimensiones de violencia estructural, prejuicio, discriminación y ensañamiento tienen relevancia para comprender el crimen que se juzga en Neuquén.

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