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La Mañana Nahir Galarza

"No te metas conmigo", los últimos chats de Nahir Galarza y Fernando Pastorizzo

La joven fue condenada a prisión perpetua el 3 de julio de 2018 por asesinar a su novio. La advertencia fue escrita por la víctima un día antes del crimen.

A las 5:52 de aquel fatídico viernes 29 de diciembre, media hora después del crimen, Nahir Galarza le mandó un mensaje a Fernando por WhatsApp. “La podés cortar?”, escribió la joven, según reveló entonces el diario local El Día. Treinta segundos después, sumó: “Ya te dije que no me vi con nadie”.

El día anterior, alrededor de la una de la mañana, había sido Fernando el que le escribió una serie de chats a ella:

“Jajajajjajajan igual ni aunque me paguen 1 millón de dólares volvería a querer saber algo de vos. Feliz día de los inocentes y que sea la última vez que me maltrates como lo hiciste, jaja

Y quería (sic) dejarte claro que no quiero que te metas más conmigo

Sabes

Pero por favor

Yo no te jodo

Nada más”.

Eso fue lo último que la víctima escribió.

Horas después, con la ciudad conmocionada por el crimen del adolescente y Nahir ya detenida por el hecho, la joven pidió ampliar su declaración indagatoria y relató supuestas situaciones de celos por parte de Pastorizzo. “Empezó a reprocharme con los chicos que me veía”, “porque era una trola, y además y porque me había visto dándome un beso con un chico de nombre Rafael”, contó.

Por su parte, los amigos de Fernando también empezaron a dar detalles de “una relación enfermiza” que terminó con el asesinato del joven. “Le hacía muy mal, pero él la amaba”, aseguraron.

El crimen de Fernando Pastorizzo

Nahir Galarza fue la mujer más joven en haber sido condenada a prisión perpetua. La Justicia la consideró autora del crimen de Fernando Pastorizzo, cometido entre las 5.10 y 5.15 del viernes 29 de diciembre de 2017

Esa noche el joven fue encontrado en una calle de Gualeguaychú con un tiro en la espalda y otro en el pecho, junto a su moto y dos cascos tirados en el suelo.

Inicialmente, al declarar como testigo, Galarza dijo que había visto a la víctima la noche anterior al crimen, aunque ante la sumatoria de indicios en su contra quedó detenida y en una segunda declaración reconoció que lo había matado con el arma de su papá policía, pero dijo que había sido de manera “accidental”.

La sentencia a la pena máxima fue dictada el 3 de julio de 2018 por el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguaychú y confirmada en julio de 2019 por la Sala II de la Cámara de Concordia.

Parecía un caso cerrado, pero a principios de 2022 dio un giro inesperado y contundente. Fue entonces cuando Nahir, a través de su abogada Raquel Hermida Leyenda, acusó a su padre por el crimen de Fernando Pastorizzo. “Yo no lo maté, fue él”, aseguró.

Actualmente, la defensa de Nahir Galarza espera la decisión de la Corte Suprema con la esperanza de que el máximo tribunal anule el fallo que condenó a la joven a prisión perpetua y, en consecuencia, se realice un nuevo juicio con perspectiva de género en el que consigan rebajar la pena.

La Nahir Galarza neuquina que estremeció a la provincia

Muchos se asoman por primera vez a la historia de Nahir Galarza, la joven de Gualeguaychú, Entre Ríos, que en diciembre de 2017 asesinó a su novio, Fernando Pastorizo. El true crimen se convirtió en película y ahora es tendencia de Amazon Prime Video con debate de fondo incluido.

A la luz del perfil de Nahir fue que me vi obligado a repasar la historia del crimen de Neuquén y recordé a una joven con rasgos muy similares, tan similares que parecen idénticas.

La neuquina tenía 16 años al momento de concretar su crimen y no mató a su novio, asesinó a su hermanito de 9 años en el corazón de la comarca petrolera.

“La teenager”, ocupa un capítulo en el libro Historias del crimen de Neuquén (2022), pero en julio de 2021 compartí un adelanto en este medio por lo que pueden repasarlo.

En paralelo, sobre Nahir Galarza además de seguir las crónicas de la época, leí el libro “Nahir. La historia desconocida”, de Mauro Szeta y Mauro Fulco. Además, dialogué con la perfiladora criminal Laura Quiñones Urquiza, quien junto a un grupo peritos expertos analizaron el caso en su momento.

En estos true crimen veremos conductas similares. De la adolescente neuquina no podemos brindar la identidad porque la Ley 2302 de niño, niña y adolescente obliga a su resguardo.

De todas formas, en la comarca petrolera quienes tienen más de 35 años la recuerdan perfectamente. Por aquellos lares, no olvidan el horror que sintieron, al igual que el temor que experimentaron sus compañeros y docentes cuando la vieron regresar al colegio.

Jóvenes y asesinas

En 2017, al momento del crimen, Nahir tenía 19 años y fue juzgada como una adulta. En ese momento el furor de Ni Una Menos ganaba las calles por lo que su abogado intentó subirse a la ola, pero las conductas desplegadas por la joven y los 4.000 mensajes de WhatsApp que intercambiaron con Fernando no bastaron para situar a Nahir en el lugar de víctima. De hecho, ensayaron varias versiones del crimen sin éxito.

Al igual que Nahir Galarza, la adolescente de Neuquén también cometió un crimen que conmocionó a la comunidad. Mientras que Galarza mató a su exnovio, en ese momento, en un acto calculado y premeditado, la joven neuquina llevó a cabo un plan igualmente planificado y meticuloso, pero con su propio hermanito como víctima.

La película de Nahir se puede ver por Amazon Prime..jpg

En 2001, la teenager neuquina tenía solo 16 años. La ley 2302 fue bisagra en la política penal en lo que a menores de 18 años se refiere. Fue promulgada en diciembre de 1999 y publicada en el primer trimestre del 2000. Se convirtió en un paraguas protector para los niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley, pero todas las instituciones que debían actuar para darle sustento no estaban preparadas y, en algunos casos, sus carencias quedaron a la luz con el crimen de la teenager que dejó al desnudo que la letra solo era letra porque en la realidad a la joven la repelían y le temían.

Nahir y la teenager tienen mucho en común. Ambas eran cautivadoras, manipuladoras, controladoras y siniestras. Sus rostros tan bellos como impertérritos eran estremecedores. Ni la peor aberración parecía forzarlas más allá de un rictus, es por eso se habló de aplanamiento afectivo en ambos casos.

La atracción que generaban no la desconocían y supieron utilizarla en su favor.

En el repaso de las coincidencias se puede observar que ambas jóvenes tenían una relación demasiado estrecha con el papá, algo que a los perfiladores hoy en día les sigue haciendo ruido.

Ninguna de las dos improvisó y aunque sus móviles y resoluciones fueron distintas, hubo un despliegue de violencia instrumental con algún desborde por parte de la teeneger. Ambas premeditaron, calcularon, tuvieron control de la escena y conciencia forense.

En el caso de la teen de Cutral Co, se la bautizó así porque vestía como las adolescentes de las series de televisión de Cris Morena. Una productora que fue una usina de actrices y cantantes.

La teenager

En este caso, el móvil del crimen fue desviar la atención sobre su imagen producto de una serie de desarreglos económicos que había provocado en su casa. Ella manipulaba de tal forma a la familia que estaba a cargo de guardar los ahorros, incluso los de una tía que se los había dilapidado en ropa y calzado que no era propio de una adolescente de su condición económica, clase media trabajadora.

Apremiada por esas circunstancias fue que premeditó un plan para simular un robo con un desenlace fatal, la muerte de su hermano. Lo que devela ausencia de empatía hacía su propia familia.

Para desarrollar su trama, manejaba información precisa, como que el padre tenía un arma y sabía dónde la guardaba.

Acá también se observa a una joven que buscó tener todo bajo control y eligió un lugar seguro para llevar adelante su accionar. Su propia casa era un espacio que conocía al detalle.

La conciencia forense se manifestó en la coartada que construyó, un turno al oculista del hospital público con la finalidad de obtener un certificado que le permitiera llegar tarde, esa mañana, al colegio y tener tiempo suficiente para pasar por su casa donde su hermanito estaría solo ya que concurría al turno tarde y sus padres estaban trabajando. Además, también hay conciencia forense en la forma en que alteró la escena del crimen.

La policía neuquina en el allanamiento en la casa de la teenager..jpg

Ese viernes 30 de marzo de 2001, cuando la joven ingresó a la casa, su hermanito se fue a su habitación porque hacía un tiempo que había comenzado a temer pasar tiempo a solas con su hermana adolescente. Algo había advertido el pequeño.

Ella tomó unos guantes de látex, para evitar dejar huellas, y buscó el arma que guardaba su papá en la mesita de luz. Luego arrancó la conexión telefónica que se encontraba en el living de la casa comenzando a darle forma a la presunta escena de un robo.

Ella, a diferencia de Nahir, no tenía práctica en el manejo del arma. Su primer disparo fue fallido y le dio tiempo a su hermanito a correr para intentar escapar de la casa.

Al llegar desesperado a la puerta, descubrió que no estaba la llave por lo que intentó abrir una ventana corrediza, pero la tierra que se había acumulado en el carril le dificultó su apertura.

El segundo tiro fue a quemarropa. El niño extendió la mano como queriendo frenar el proyectil que no solo le atravesó la mano, sino que le ingresó por la zona del tórax y egresó por la espalda.

La bala siguió su recorrido e hizo estallar la ventana, una de esas astillas cayó sobre el ojo de la adolescente. El plomo lo encontraron afuera de la casa.

Para desviar la investigación y alterar la escena, a su hermanito le puso unas toallas en el cuello y una bolsa negra en la cabeza, y lo arrastró para dejarlo cerca de la puerta de ingreso a la casa. Luego desordenó la vivienda con la idea de apuntalar la hipótesis del robo.

Finalmente, salió de la casa y se fue al colegio, donde entregó el certificado en el que constaba que había acudido al oculista.

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