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Dejó todo y se fue a vivir al desierto patagónico: quién es el hombre mas ermitaño de la Ruta 40

A 100 kilómetros de El Calafate, Javier Soto (35) eligió una vida extrema en mítico observatorio abandonado. Dice que busca “un propósito”: cuidar el legado familiar y la tumba de su tío, en plena estepa santacruceña.

En un tramo de la Ruta 40 donde manda el viento y el paisaje parece no terminar nunca, una cúpula metálica oxidada aparece como un objeto fuera de lugar en la inmensidad deel paisaje patagónico. Ahí, en el paraje La Leona, vive solo Javier Soto, de 35 años, dentro de un viejo observatorio astronómico abandonado desde hace décadas. No es una postal turística: es su casa.

Soto llegó a este punto de Santa Cruz en octubre del año pasado, después de pasar por ciudades como Trelew y de crecer en Puerto Deseado. Según contó, la rutina urbana fue su límite: pagar alquiler, servicios y volver a empezar. En ese quiebre, tomó una decisión poco común: irse a la estepa, “aislarse del mundo” y sostener una vida austera en el observatorio, a unos 100 kilómetros de El Calafate y cerca del río La Leona.

“Un día me levanté, junté plata para pagar los servicios y el alquiler y me pregunté: ‘¿Así será la vida siempre?’. No lo acepté”, cuenta.

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Lo que queda del complejo que rodeaba el observatorio.

Lo que queda del complejo que rodeaba el observatorio.

El aislamiento no es un gesto romántico. Tiene problemas cotidianos concretos: el agua del río, por su carácter glacial y mineralizado, no le sirve para beber. La usa para cocinar y limpiar, pero para tomar depende de bidones que trae desde El Calafate o de la solidaridad de viajeros que frenan a curiosear la cúpula y terminan dejándole provisiones.

Una antena de Starlink lo conecta con el mundo. Tres pantallas solares le permiten usar su celular algunas horas por día. Dos perros le hacen compañía. “Cuando estoy solo me conecto con el universo”, dice reflexivo. “Necesitamos recuperar la oscuridad y la calma”, agrega.

El motivo: un legado familiar y una tumba en la estepa

La historia, además, tiene un punto íntimo. Soto sostiene que su “propósito” es cuidar el lugar y la tumba de su tío, el lonco mapuche Ramón Epulef, que vivió en esas tierras durante años. Cuando le avisaron que ese espacio podía quedar solo, decidió mudarse para continuar con ese cuidado.

“Quise adentrarme en introspecciones y alejarme de la propuesta que hoy domina el mundo: trabajar más para ganar menos”, sostiene en diálogo con el diario La Nación.

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El observatorio está ubicado a 100 kilómetros de El Calafate.

El observatorio está ubicado a 100 kilómetros de El Calafate.

La cúpula en realidad nació como parte de un proyecto científico. En los años 30, el ingeniero Félix Aguilar impulsó la idea de una Estación Astronómica Austral para estudiar el cielo del hemisferio sur. El paraje La Leona fue elegido por su aislamiento y condiciones; en los 40 se cedieron tierras a la Universidad de La Plata y a comienzos de los 50 se avanzó con edificios e infraestructura. Pero el plan se fue quedando sin presupuesto y, con el tiempo, la estación terminó abandonada hacia la década del 70.

Hoy, ese sueño inconcluso quedó convertido en un símbolo extraño de la Patagonia profunda: un observatorio sin telescopios, castigado por el clima, habitado por un solo hombre. Y, alrededor, la misma estepa infinita que hace que cualquiera que pase por la Ruta 40 reduzca la marcha, mire, y se pregunte qué hace una persona viviendo ahí.

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