Rastrean por primera vez el recorrido de ballenas jorobadas en el Mar Argentino
El proyecto para conocer y proteger mejor a la especie que sorprende con sus piruetas se inició en el Parque Patagonia Azul, en Chubut.
Cada verano, las aguas del litoral chubutense reciben visitantes que durante décadas fueron apenas sombras fugaces: las ballenas jorobadas. Esos gigantes de hasta 16 metros de largo que alguna pasaban por esa porción del Mar Argentino sin detenerse, ahora regresan temporada tras temporada. Y la ciencia finalmente pudo seguir sus pasos.
Por primera vez en la historia argentina, investigadores colocaron dispositivos de rastreo satelital en ejemplares de la especiue. El escenario de este avance fue el Parque Provincial Patagonia Azul, en aguas furente a la provincia de Chubut, donde la combinación de tecnología de punta y años de observación paciente permitió alcanzar un logro inédito para la conservación marina.
Si bien como parte Proyecto Patagonia Azul de la ONG Rewilding Argentina el marcado de ballenas francas lleva más de diez años en Península Valdés, y el de ballenas sei se inició hace dos en Punta del Marqués, el caso de las jorobadas representa un capítulo completamente nuevo.
"Es la primera vez que se marcan ballenas jorobadas en el país", confirma Lucas Beltramino, biólogo que integra la iniciativa, para dar contexto sobre la importancia del acontecimiento.
Cinco años de espera
El camino hacia este momento comenzó mucho antes de que el primer dispositivo fuera colocado. Desde 2019, el equipo de Patagonia Azul inició un meticuloso trabajo de fotoidentificación que permitió reconocer a más de 140 individuos diferentes de esta peculiar especie, famosa por sus piruetas y sus sonidos.
El método es simple pero efectivo: cada cola de ballena jorobada posee marcas y callos únicos, irrepetibles, como huellas digitales humanas. Esa característica convirtió a cada fotografía en una ficha de identidad.
Durante esos cinco años, se pudo establecer que la ruta migratoria para la ballena jorobada en el Océano Atlántico Sudoccidental se extiende desde las costas de San Pablo, en Brasil, hasta las gélidas aguas de Islas Georgias del Sur o la Península Antártica.
Algo notable comenzó a confirmarse: varios individuos regresaban año tras año a las costas de Chbut. Y esa recurrencia desató interrogantes que las fotografías no podían responder “¿Dónde están las ballenas cuando no están acá? ¿Por dónde viajan? ¿Qué desafíos enfrentan?", se preguntaron los investigadores..
Llegar a las respuestas de estos interrogantes requería tecnología de precisión y una colaboración internacional. El equipo argentino trabajó junto a investigadores de la Universidad de Santa Cruz de California (Estados Unidos), quienes aportaron su experiencia en las delicadas maniobras de aproximación y colocación de los diuspositivos en el mar.
Los operativos en el mar para iniciar el rastreo
El procedimiento exige acercarse a unos cinco metros del animal. Mediante un rifle neumático diseñado específicamente para esta tarea, el dispositivo se inserta en la capa de grasa subcutánea, que funciona como aislante térmico y supera los 20 centímetros de espesor.
Una vez instalado, el sistema se conecta con una red de satélites de órbita baja. Cada vez que la ballena emerge para respirar, la antena del dispositivo queda expuesta y transmite la ubicación con un margen de error de apenas unos cientos de metros, muy poco teniendo en cuenta que las travesías de estos cetáceos son de miles de kilómetros.
El organismo del animal naturalmente encapsula y expulsa el dispositivo después de semanas o meses. Pero mientras está activo, aporta suficiente información, que resulta crucial para conocer qué áreas seleccionan las ballenas, por ejemplo, para alimentarse y durante cuánto tiempo se quedan allí.
Los primeros datos ya están transformando la comprensión científica sobre estos cetáceos en el Mar Argentino. Se logró ponerles dispositivos a tres ejemplares, y cada uno aportó información reveladora.
Dos de ellos mostraron permanencia en zonas que se solapan con el Parque Patagonia Azul, aunque gran parte de su tiempo transcurre fuera de los límites oficiales del área protegida.
El tercer individuo proporcionó un descubrimiento particularmente relevante al desplazarse hacia Rocas Coloradas, al norte de Comodoro Rivadavia.
"Hoy este individuo se mueve en una región entre el Parque Patagonia Azul y Rocas Coloradas. Este comportamiento destaca la importancia de generar corredores protegidos entre áreas marinas protegidas", analiza el biólogo Beltrame.
Los registros preliminares muestran que las ballenas pasan períodos prolongados alimentándose en áreas relativamente reducidas, de aproximadamente 300 kilómetros cuadrados.
Sin embargo, al abandonar las zonas de resguardo, enfrentan múltiples amenazas: colisiones con embarcaciones, competencia con la pesca industrial y contaminación acústica.
"Conocer las áreas de uso y el tiempo de permanencia nos puede ayudar a detectar los sitios prioritarios a proteger", señala Beltramino.
Ballenas jorobadas: acróbatas del océano
Menos frecuentes que la franca o la sei en las aguas argentinas, las Jorobadas tienen atributos que las hacen únicas y convierten los avistajes en un privilegio.
Además de su tamaño imponente, las jorobadas poseen un repertorio distintivo de acrobacias y vocalizaciones. Son particularmente curiosas: no es raro verlas asomarse y quedarse observando, como estudiando a quienes las observan.
Saltan, giran, golpean la superficie con sus aletas —largas como alas— y se sumergen exponiendo la cola en un espectáculo visual que se aprecia de forma privilegiada en las aguas de Patagonia Azul. Quienes las vieron saltar desde cerca, dicen que sus movimientos emocionan hasta las lágrimas.
Estas ballenas, además, tienen otra característica muy peculiar: cantan. Producen sonidos graves, vibrantes, hipnóticos que viajan kilómetros bajo el agua. Cada población tiene su propia melodía.
Cada grupo tiene un canto que lo identifica. Sin embargo, durante la época reproductiva, los machos especialmente producen cantos que son vocalizaciones más extensas, con estructuras repetitivas que a veces presentan coincidencias entre distintas poblaciones.
Para captar estos sonidos y analizarlos, los investigadores de Rewilding Argentina utilizan hidrófonos, micrófonos subacuáticos que registran todo tipo de resonancias submarinas y a través de filtron, permiten aislar el canto de las jorogadas, y tipificarlo. Es otra técnica de identificación que usan los científicos..
Monumento Natural de Chubut
En abril de 2025, la Legislatura de Chubut declaró a la ballena jorobada —junto con otras seis especies— como Monumento Natural en la provincia. Esta figura legal prohíbe cualquier actividad que atente contra la presencia de estas especies.
La medida no es meramente simbólica: busca blindar un corredor ecológico vital y cada vez más transitado por estos animales, y donde se puede ver a las jorobadas. Y su presencia no es solo un espectáculo para los visitantes. Estos animales cumplen un rol ecológico fundamental: aportan nutrientes al ecosistema y empujan cardúmenes hacia la superficie, facilitando la alimentación de aves marinas.
Lo que antes se presumía mediante fotografías esporádicas, ahora es un dato científico confirmado. Las jorobadas eligen aguas argentinas para alimentarse intensamente, conservar energía y evitar desplazamientos innecesarios antes de retornar a las áreas reproductivas.
"Con más energía va a mejorar el éxito reproductivo para esta población, y eso es muy alentador", concluyó el especialista de Rewilding Argentina, quien espera que con el tiempo aparezcan más ejemplares en la zona.
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