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Centenares de fotos que congelaron en el tiempo distintos momentos de su vida. Un juego de ajedrez en el que se libraron mil batallas a fuerza de paciencia y estrategia. Un revolver calibre 32 adquirido para defenderse cuando la violencia y la barbarie comenzaron a ser la rutina cotidiana en la Argentina. El busto de Eva Perón que se salvó de dos golpes de Estado y que el escondió como un tesoro. Carpetas repletas de cartas que recibió desde distintos puntos de la provincia y el país, incluidas las de amor que le envió y que recibió de su mujer. Placas recordatorias, adornos, regalos, ropa, objetos...

Vaciar la casa en la que vivió Felipe Sapag no fue un trabajo sencillo. Fue como hacer la mudanza de un pequeño museo de los últimos 60 años de la historia política de Neuquén, en el que se mezclaban documentos de hechos históricos del gobernador y dirigente y elementos personales del hombre, del padre, del esposo.

La muerte de su hijo Luis –quien habitaba la casa con dos hijos- fue un punto de inflexión para la familia, teniendo en cuenta de que se trataba de una propiedad que costaba mucho mantener y que era demasiado grande para albergar a pocas personas. Lo mejor sería alquilarla.

A principios del mes de Julio, se firmó un convenio con las autoridades de un colegio privado para que en este lugar funcionara la institución, con la salvedad de que la enorme casona de la calle Belgrano 555 mantuviera la fachada y la arquitectura original con que se había construido. Sí se acordó la construcción de aulas en el enorme patio que tiene la vivienda y algunas pequeñas modificaciones.

Emiliano Sapag, hijo de Luis y nieto de Don Felipe, reconoce que fue una sorpresa encontrarse con tantas cosas desconocidas hasta ese momento, que pertenecieron al líder del MPN. Si bien siempre estuvieron allí, algunas estaban escondidas o guardadas, pero todas en general tienen un valor histórico y, a la vez, sentimental.

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La mayoría de los objetos que estaban en la vivienda fueron guardados en un depósito. Otros, fueron repartidos entre los familiares, aunque todavía hay mucho que catalogar. Por caso, Martín, el hermano de Emiliano, tiene en su poder todas las cartas que estaban guardadas en carpetas. Muchas son personales, que escribió Felipe a su esposa Chela y que ella le contestó durante los innumerables viajes que los separaban por la función que tuvo como gobernador. Hay muchas otras que recibió de distintas personalidades de la vida política y social de Neuquén y del resto del país, aunque las que le envió o recibió de su mujer son, particularmente, encantadoras, como todas las cartas de amor.

Son hermosas; algunas muy románticas. Lo curioso es que se trataban de ‘usted’", indica Emiliano, quien no puede ocultar el orgullo y la admiración que tiene por sus abuelos. El tesoro más grande que él se quedó fue un juego de ajedrez de madera y con el que disputó las últimas dos partidas con Don Felipe, en los últimos años de su vida. Fue un triunfo de cada uno. No hubo tiempo para un desempate.

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Silvia, la hija del ex gobernador, se llevó un busto de Eva Perón que estaba en el escritorio ubicado en la planta baja. Esa efigie de bronce, sobrevivió a dos golpes de Estado: el del 55 y el del 76 y guarda una apasionante historia que nació en una Unidad Básica de Cutral Co.

El revólver calibre 32 que Don Felipe había comprado durante la última dictadura, fue donado a la Policía de la provincia de Neuquén. El arma estaba intacta con una caja de balas. Cuenta Emiliano que su abuelo la adquirió para defensa personal. “Si quieren venir, que vengan; acá los voy a esperar”, dice que dijo el ex gobernador, quien junto a su familia sufrió en carne propia la violencia de aquella época, con el asesinato de sus hijos Ricardo y Enrique, por diferencia de pocos meses.

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Los dos jóvenes también estaban representados entre los pequeños tesoros que había en la casa de la calle Belgrano. Se trata de dos pinturas con los retratos de ambos, ubicadas en el living, que marcaban una presencia permanente y que, de alguna manera, aliviaban el peso de tanta tristeza y dolor. Dice Emiliano que en los últimos momentos de su vida Felipe solía pararse frente a ellos y les hablaba: “Pronto nos vamos a encontrar”, les susurraba.

En la casa había de todo. Una colección de diarios del viejo Sur Argentino, propiedad de los Sapag que será donada a la Universidad Nacional del Comahue. Un juego de cuchillos con los que el viejo caudillo hacía los asados familiares, que seguramente tendrán como destino el cajón de otra cocina y que continuarán el rito del afilado unos contra otros, como lo hacía el viejo dirigente antes de encender el fuego y preparar los cortes de carne para asar.

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También estaban las sillas del escritorio donde Felipe recibió a centenares de personas a lo largo de su vida y que le fueron regaladas a Arsenio Baeza, un amigo de siempre.

En los dos jardines también había plantas que encerraban muchos recuerdos y que está allí desde hace muchos años. La mayoría también fueron entregadas a familiares y allegados, especialmente aquellas que se encontraban en macetones que adornaban las esquinas y rincones de ese enorme espacio verde.

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Son tantas las cosas que había en la casa, que muchas formarán parte de un futuro museo, pero que no sólo recordará a Felipe Sapag, sino a otras personalidades de la historia de Neuquén, como Marcelo Berbel o Gregorio Álvarez. El proyecto está en estudio y por ahora no hay demasiados detalles, pero sí está claro que se concretará en un futuro muy próximo.

Mientras tanto, la casona de la calle Belgrano está vacía, a la espera de los nuevos habitantes que llegarán cuando comience el ciclo lectivo el año que viene.

En cada rincón de esa vivienda flotan los recuerdos, los lindos y los tristes. Resuenan como ecos apagados, risas alrededor de una mesa, voces de niños y adultos, discusiones de reuniones políticas, charlas sobre la vida.

Son reminiscencias que quedaron solas, huérfanas de aquellos pequeños tesoros que ahora ya no están y que alguna vez fueron parte de mil historias.

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