Tucumán.- Un hombre frenó una carrera de caballos en la que había apostado y otras personas, que también la estaban observando, se acercaron a él y le pegaron hasta matarlo. La pelea cobró tal dimensión que los pocos asistentes que no participaban de ella dejaron de prestarles atención a los caballos para centrar sus miradas en el descontrolado enfrentamiento. El trágico enfrentamiento tuvo lugar en una cancha situada en el sur de Atahona, en la provincia de Tucumán, donde suelen realizarse las populares carreras cuadreras de caballos, el domingo a la tarde.
Ya había comenzado la competencia y los asistentes habían realizado sus apuestas cuando el dueño de uno de los equinos, Julio César Gómez, comenzó a ponerse nervioso. Según comentaron fuentes de la investigación, el hombre había apostado una elevada suma de dinero y su caballo continuaba en el segundo puesto, a poco de finalizar la carrera. Desesperado, Gómez se habría metido en la cancha y habría cortado la cinta de llegada, anulando de esa manera la competencia. Ese acto bastó para que toda una multitud se abalanzara sobre él y se desatara una batalla que parecía no tener límites ni fin.
Las fuentes estimaron que alrededor de 100 personas participaron de la pelea. También contaron que en ese momento se acercaron dos policías, quienes apenas pudieron acercarse a la batahola y rescatar a algunas personas. Entre ellas estaba Gómez, a quien los uniformados ubicaron a un costado para regresar a la escena de la gresca y tratar de frenar la violencia. Sin embargo, el hombre habría aprovechado el descuido de los policías para volver a meterse en medio de la pelea.
Cuando los uniformados volvieron a divisar a Gómez, ya estaba tendido en el piso, inconsciente. Ambos lo levantaron y lo llevaron de inmediato al hospital de Simoca, pero falleció antes de llegar a destino.
Las fuentes indicaron que el cuerpo no presentaba heridas de arma de fuego ni signos de haber sido apuñalado, por lo que se ordenó que le realizaran una autopsia. Se presume que pudo haber sido por un golpe en la cabeza.
“Entró un caballo corriendo, de repente, y se metió en mi carnicería, que está en un barrio urbano de Córdoba. Con una cliente salimos corriendo y nos escondimos detrás del mostrador. Por suerte no pasó nada más”. Sebastián Mendoza. Al diario El Periódico
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