¿Una de las monjas miente?

Declararon las religiosas del caso López. El juez dispuso un careo.

Capital Federal.- En un gran operativo de seguridad, ayer declararon las religiosas involucradas en el caso José López. Las dos sabían que el ex secretario de Obras Públicas iba a ir al convento de General Rodríguez la noche en la que fue detenido con casi nueve millones de dólares en su poder y un arma de guerra.

María Casas y Marcela Albín, dos religiosas que viven en el Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima, sostuvieron que la madre Alba, superiora en el convento, había dado la orden de que estén atentas “al portón” porque llegaría José.

Las hermanas orantes, que declararon en calidad de testigos y tuvieron que someterse a un careo por algunas contradicciones entre ambas, señalaron que quien se relacionaba con López era Alba Día de España Martínez, que, según fuentes judiciales, “no será parte del proceso” por sus 95 años y su estado de salud.

Las dos monjas que ayer brindaron testimonio ante el juez federal Daniel Rafecas debieron protagonizar un careo debido a las diferencias en sus relatos con relación al momento en el que se percataron de que López había ingresado con un arma al convento.

“La madre Alba, la superiora en el convento, nos había dado la orden de que estuviéramos atentas al portón de entrada porque esa noche iba a llegar José”. María y Marcela. Las dos religiosas declararon ante el juez.

La contradicción surgió porque la hermana María Antonia Costa le dijo al juez que fue su colega Marcela Albín la que le había mostrado el arma que había quedado en la puerta de ingreso a la casa del convento, mientras que la segunda lo relató de forma distinta. “Yo recién vi el arma cuando el policía me la mostró. La madre Inés (Aparicio) tampoco había visto el arma”, sostuvo Marcela, quien mencionó a la hermana Inés que se encuentra imputada por haber ayudado a López a ingresar los bolsos al convento.

La versión de la hermana María fue otra. “Me dijo la hermana Marcela que fuera a ver lo que había en la galería; asomé la cabeza y era un arma. Tuve miedo, me asusté mucho y me fui a mi habitación”, sostuvo en su declaración testimonial.

Ante las contradicciones entre los testimonios de las religiosas, el juez dispuso un careo durante el que la hermana Marcela sostuvo su versión y dijo que invitó a María “a que vea el arma que estaba en la galería”, de la cual la alertó previamente el policía que estaba afuera.

A su turno, la hermana María agregó: “Yo también me mantengo en mis dichos, pero puede ser que yo no haya visto al policía, yo sólo saqué la cabeza y vi el arma, puede ser que estuviera ahí y yo no lo haya visto”. Algo no cierra, como en todo el caso López.

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