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La Mañana automotrices

Cómo es la alianza inédita entre dos gigantes automotrices para pelearles a los chinos

Buscan unir capacidades para acelerar desarrollos y bajar costos. Inicialmente saldrán dos modelos Ford de una planta Renault.

Las marcas tradicionales sienten el avance de los fabricantes asiáticos. Ante esto, Ford y Renault anunciaron una alianza estratégica inédita para reforzar su negocio y no perder terreno frente a la ofensiva china en autos eléctricos. La clave del acuerdo es simple: unir capacidades para acelerar desarrollos, bajar costos y ganar escala industrial, en principio, en un mercado cada vez más exigente como el Europeo.

La alianza arranca así: Ford sumará a su oferta europea dos autos eléctricos nuevos, pero lo hará apoyándose en la experiencia y la infraestructura de Renault, que en los últimos años fortaleció su apuesta por la electrificación.

Detrás del anuncio hay otra lectura: Ford necesita recuperar presencia y ritmo de lanzamientos en el Viejo Continente, mientras Renault busca capitalizar su plataforma y su capacidad productiva para transformarlas en un activo “exportable” dentro de Europa. Con el avance chino ajustando márgenes, una alianza de esta magnitud apunta a cuidar la competitividad sin resignar identidad de marca. Por ahora, el entendimiento se enfoca en Europa, al menos en esta etapa.

Ford y Renault: qué incluye la alianza y por qué puede cambiar el mapa

El corazón del acuerdo entre Ford y Renault es el desarrollo de dos vehículos eléctricos con marca Ford, construidos sobre la plataforma Ampere del grupo francés. Renault aporta una arquitectura ya pensada para eléctricos y un “ecosistema” industrial aceitado, mientras Ford se reserva el diseño y la puesta a punto para que los modelos conserven su propio ADN.

Un punto clave es dónde se fabricarán: la producción quedará a cargo de Renault Group en el norte de Francia, dentro del polo industrial ElectriCity. Esa decisión no es menor: hoy la competitividad del eléctrico no se define solo por el producto, sino por la capacidad de fabricar con eficiencia, volumen y procesos más integrados.

Según lo informado por las compañías, el plan es que el primer modelo llegue a los concesionarios a principios de 2028, como inicio de una nueva ofensiva de producto de Ford en Europa. El objetivo es poder acelerar el calendario sin arrancar de cero con una plataforma propia, en un contexto donde el tiempo vale tanto como la inversión.

Qué pone Ford y qué aporta Renault en el acuerdo

Para Ford, el beneficio más evidente es acortar camino: usar una base eléctrica ya desarrollada reduce riesgos y permite enfocar recursos en lo que mejor vende una marca: diseño, dinámica de conducción y experiencia de usuario. En un mercado saturado de ofertas, diferenciarse con “sensación Ford” puede ser tan importante como la autonomía o la carga.

Renault 5
Renault 5

Renault 5

Para Renault, el acuerdo es una forma de potenciar su rol industrial en Europa: convertir a Ampere y ElectriCity en una plataforma de producción y desarrollo que también sirva a terceros. En tiempos donde las marcas chinas presionan con precios y velocidad, poner a trabajar capacidad instalada y conocimiento eléctrico es una ventaja competitiva concreta.

El primero de los dos modelos que verían la luz y llegaría a los concesionarios a principios de 2028 sería el Fiesta, que se fabricaría en la flamante plataforma del Renault 5.

No solo eléctricos: el guiño a los utilitarios y el negocio que viene

La alianza entre Ford y Renault no se limita a autos de pasajeros: también firmaron una Carta de Intenciones para explorar colaboración en vehículos comerciales livianos (LCV) en Europa. Es un dato fuerte porque el mundo de utilitarios es una base histórica para ambas marcas y, además, un terreno donde la eficiencia productiva pesa muchísimo.

Si esa parte del acuerdo avanza, podría abrir la puerta a desarrollos y fabricación conjunta de modelos comerciales con sello Ford y Renault, algo que en Europa suele tener impacto rápido por la demanda de flotas y la presión por renovar tecnologías (incluida la electrificación).

Cuando se habla de “pelearle a los chinos” no se trata solo de competir con modelos: se trata de competir con velocidad, costos, plataformas y escala. Y ahí es donde acuerdos como el de Ford y Renault cobran sentido: permiten repartir inversiones, achicar tiempos de desarrollo y fabricar con mayor eficiencia.

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