Dejó su carrera de abogacía para dedicarse a trabajar el piñón
Yanina Bianchi dejó su carrera para apostar por un fruto ancestral y creó el único emprendimiento de Villa Pehuenia que transforma el fruto en identidad gastronómica.
Villa Pehuenia tiene algo que no se explica rápido. Es uno de esos lugares donde la naturaleza no acompaña: manda. Las araucarias levantan su silueta como guardianas antiguas y bajo ellas crece un fruto que durante siglos fue alimento, refugio y cultura: el piñón.
Allí, en ese escenario donde todo parece quieto pero profundamente vivo, Yanina Bianchi tomó una decisión que cambió su rumbo y también el de la gastronomía local: abandonar la abogacía para dedicarse a transformar esa semilla ancestral en identidad comestible.
Un fruto que define un pueblo
El piñón es mucho más que la semilla de la araucaria: es alimento ancestral mapuche, reserva nutricional de invierno y símbolo natural de Villa Pehuenia.
Sin embargo, durante años fue un producto casi invisible desde lo gastronómico. Se consumía hervido, tostado o en preparaciones tradicionales, pero nadie lo había llevado a una escala elaborada y comercial. Yanina sí. “Era un fruto que estaba ahí, pero que nadie se animaba a transformar”, resume.
El desafío no era menor: el piñón es perecedero, se endurece rápido y su procesamiento es complejo. Técnicamente difícil. Culturalmente resistido. Pero también profundamente identitario.
De Mendoza al sur neuquino
Yanina nació en San Rafael, Mendoza. Llegó a Neuquén a los 13 años cuando su familia migró buscando nuevas oportunidades. Mientras estudiaba Derecho en Mendoza, su familia ya había abierto en Pehuenia la panadería Ruca Hueney, un punto de encuentro fundamental en los primeros años del pueblo.
Ese local no solo vendía pan: construía comunidad. Y fue también el primer vínculo profundo de la familia con el territorio. Pehuenia la empezó a llamar antes de terminar su carrera.Volvió. Se instaló. Formó familia. Dio clases en el secundario. La abogacía quedó en pausa. Pero la vida empezó a tomar otra forma.
En 2013, cuando la panadería cerró su ciclo, apareció la pregunta inevitable: ¿qué hacer ahora?. El chef Sebastián Mazzuchelli lanzó la idea que parecía imposible:
—¿Por qué no hacen productos con piñón?
No había antecedentes ni recetas comerciales. Pero había decisión. Y había una figura clave que empujó todo desde el primer momento.
Norma: la raíz de Nous
Si hay alguien imprescindible en esta historia, es Norma, la mamá de Yanina. Fue ella quien inició el camino y la verdadera artífice necesaria para que Nous existiera.
Norma tenía oficio panadero, intuición y una valentía silenciosa. Cuando apareció el desafío del piñón, fue la primera en animarse. Probó, investigó, ensayó durante noches enteras mientras reacondicionaban el local con sus propias manos.
Yanina acompañó, aprendió y potenció. Pero la chispa inicial fue materna. Nous nació de esa curiosidad y de la convicción de Norma de que el fruto más difícil del bosque también podía transformarse en alimento elaborado.
El nombre homenajea a un pequeño duende familiar y remite al concepto griego de nous, alma profunda. Primero fue cafetería; luego se convirtió en un espacio exclusivamente dedicado al piñón. Hoy elaboran once productos únicos en la región.
Una técnica artesanal con los piñones
Trabajan solo con piñones adquiridos a recolectores mapuches autorizados. Respetan tiempos, procesos y permisos. Elaboran conservas (almíbar, escabeche, pasta) y productos secos (harina, café de piñón, alfajores, galletas, licores). Cada cosecha cambia el proceso. Cada fruto dicta su tratamiento. Nada es industrial. Todo es paciencia.
Yanina explica cada producto al visitante: historia, recolección, valor nutricional. Nous también educa. Transmite identidad.
Yanina retomó su carrera y obtuvo su título en 2019, pero su camino ya estaba marcado por Nous y por Pehuenia. Su causa dejó de ser jurídica para volverse territorial.
Otoño rojo. Invierno blanco. Primavera verde. Verano de lago y calma. Pehuenia creció, pero conserva su alma comunitaria. Allí Nous encontró su lugar.
Norma abrió la puerta. Yanina la cruzó. El pueblo abrazó el resultado. El piñón dejó de ser solo naturaleza. Hoy es identidad, memoria y sabor patagónico.
Porque a veces la vocación no está en los códigos. Está en la tierra.
+ Info: @nousvillapehueniamoquehue
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