"Nos cumple el sueño a los que no llegamos"

Un compañero de Don Bosco y su ex DT están felices por el soñado presente del Huevo Acuña.

Fabricio Abatte

abattef@lmneuquen.com.ar

Trofeos y copas hay de todo tipo en la sede del popular Don Bosco de Zapala, pero cuadros de equipos recordados del club no tantos, y destaca uno que no es precisamente de históricos elencos de Primera. La imagen pertenece a la séptima campeona que tuvo a Marcos Acuña como máxima figura.

Gabriel Rouret dirigió a aquella maquinita. Y Matías Cenci era una de las cartas ofensivas de esa formación de desfachatados pibitos que tanto dio qué hablar. LM Neuquén los juntó a ambos en el lugar donde gestaron la leyenda, para contar anécdotas y compartir la emoción que sienten antes de que comience el Mundial que tiene como partícipe al Huevo.

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De ese equipo, el que más lejos llegó, obvio, fue Marcos. El resto no tuvo suerte, pero salieron buenos para el estudio. Hoy son casi todos profesionales, abogados, contadores… ¿De qué se graduó Marcos? ¡De crack!”, contesta el doctor Rouret, prestigioso abogado y quien mantiene una larga amistad con el zapalino.

“El Huevo nos cumplió el sueño a todos. Es increíble ver hasta donde llegó con su humildad. Lo recuerdo como un apasionado, llegábamos todos a los partidos descansados y el ya se había jugado un partido en su barrio, jugaba en el club y se iba a seguir pateando por ahí”, relata el también abogado Cenci.

Marcos Acuña, junto a su amigo Rouret, con el que tiene la linda cábala.
Marcos Acuña, junto a su amigo Rouret, con el que tiene la linda cábala.
Marcos Acuña, junto a su amigo Rouret, con el que tiene la linda cábala.

Hay mística y un atmósfera especial en el lugar. Esa canchita del fondo fue la última que vio brillar al jugador de la Selección antes de partir a Buenos Aires. Gaby tenía previsto viajar por estas horas a Rusia con su hijo Marcos (también miembro del elenco al que se evoca), adonde iría a “alentar y a hacerle compañía al Huevo en los momentos libres”. Juntos mantuvieron una cábala durante años. “Desde que estaba en Ferro, el día anterior a un partido le cargaba 50 pesos al celular de Marcos y lo llamaba”, rememora la simpática e infaltable práctica. Y vaya si dio resultado.

Cenci señala dónde está él en la foto de la consagrada formación. Eso sí, no hace falta que nos muestre cuál de aquellos 11 chicos era el Huevo, pues la carita redonda, el flequillo y los ojos saltones son demasiadas pistas para encontrarlo enseguida. “Le faltaba altura pero compensaba con habilidad y otras condiciones. Era increíble ver lo que hacía”, agrega.

Rouret se lleva una larga lista de pedidos y mensajes de afecto para Acuña. Cenci promete que será un hincha más. Amigos son los amigos.

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