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La Mañana Azul Semeñenko

La lluvia afuera de la sala 12 y tres voces para entender el transfemicidio de Azul Semeñenko

Esta semana se desarrolla el juicio que tiene como acusado a Roberto Daniel Sánchez, por la muerte de la trabajadora estatal en septiembre del año pasado.

Cuando salieron de la sala 12 de Ciudad Judicial, tres personas pusieron palabras a lo que había dejado una nueva audiencia del juicio contra Roberto Daniel Sánchez por el transfemicidio de Azul Semeñenko.

Marco Millapán, hermano de Azul; Tatiana Breve, militante travesti; y Verónica Yáñez, trabajadora del Centro de Atención a las Víctimas (CAV) y compañera de Azul, quien fue además quien denunció su desaparición.

Esta jornada volvió a unir dos dimensiones del juicio: las pruebas que buscan reconstruir qué ocurrió con Azul y el contexto que permite comprender por qué la Fiscalía sostiene que se trató de un transfemicidio.

La lluvia caía sobre Neuquén y el día gris contrastaba con la intensidad de lo que había ocurrido durante varias horas puertas adentro: la antropóloga Josefina Fernández había explicado ante el jurado popular las violencias estructurales que atraviesan las vidas de las personas travestis y trans y los criterios que permiten analizar un crimen como un hecho de prejuicio, odio o travesticidio.

El perito Emiliano Bravo, en tanto, había descrito qué encontraron los investigadores en la Ford Ranger de Roberto Daniel Sánchez, el vehículo que la Fiscalía sostiene que fue utilizado para trasladar el cuerpo de Azul.

“No tenemos dudas”: la familia y un crimen que, para Marco, se explica también desde el contexto

Marco Millapán salió de la sala acompañado por las compañeras del CAV colectivo travesti que acompañan a la familia desde el comienzo del proceso.

“Fue una audiencia tranquila”, resumió en contraste con el segundo día, donde se analizó el hallazgo del cuerpo descartado en un canal de Valentina Norte. Destacó especialmente la declaración de la antropóloga, a la que consideró “clave” para poner en contexto las condiciones en las que viven las personas travestis y trans.

Para el hermano de Azul, ese testimonio aportó un marco para algo que la familia viene sosteniendo desde el inicio: que el crimen debe ser juzgado como un crimen de odio y transfemicidio.

“No tenemos dudas”, afirmó también en cuanto a la otra parte de la evidencia presentada durante la jornada: la pericia sobre la Ford Ranger de Sánchez. “Las pruebas hablan por sí solas”, sostuvo.

El hermano de Azul sabe que todavía quedan muchas jornadas por delante. Y también espera que continúen apareciendo testimonios que permitan explicar el contexto en el que viven muchas personas trans: las dificultades para acceder a un trabajo, a una vivienda, a un entorno saludable y a redes de contención.

Transfemicidio de Azul Semeñenko: “No creemos que sea un caso aislado”

Para Tatiana Breve, militante travesti, sostuvo que las políticas de falta de cuidado hacia las identidades travestis y trans y los discursos de odio no pueden analizarse como fenómenos separados de hechos de violencia extrema. “No creemos que sea un caso aislado”, planteó.

Por eso, consideró que el juicio representa también una oportunidad para que el Poder Judicial y la sociedad reflexionen sobre las políticas destinadas a proteger a esa población.

También cuestionó que las condiciones materiales de vida de una mujer travesti puedan convertirse en un argumento para juzgar su vida o sus decisiones. La discusión apareció vinculada a un dato que ya había surgido durante las audiencias: Azul tenía un trabajo estatal y también hacía trabajo sexual.

En este sentido, apuntó que para las personas trans tener un trabajo precarizado solo reduce las horas de trabajo sexual en la calle. La posibilidad de acceder a trabajos de calidad —dijo— no se reduce al ingreso económico. También involucra la identidad, la vida afectiva, los cuidados y el acceso a la salud.

El planteo conecta directamente con uno de los puntos centrales de la declaración de la antropóloga: las condiciones de vulnerabilidad no son elecciones individuales aisladas, sino parte de una estructura social que condiciona las posibilidades de vida del colectivo travesti trans.

Verónica y el día en que decidió ir a denunciar la desaparición de Azul

Verónica Yáñez declaró en el primer día de juicio. Ella fue la compañera de Azul que realizó la denuncia por su desaparición. La ausencia había comenzado a ser advertida por sus compañeras de trabajo y la situación llegó hasta ella.

Pero antes de ir a una comisaría, tuvo miedo. “Uno va a la comisaría a hacer una denuncia y no te la quieren recibir”, recordó al reconstruir aquel momento. También pensó qué podía ocurrirle a ella. “Activá”, se dijo.

Por eso, volver a mirar ahora las pruebas del vehículo desde el otro lado de la sala tiene para ella un impacto diferente.

Durante la tercera audiencia observó las pericias realizadas sobre la Ford Ranger. Escuchó al perito explicar el procedimiento y los rastros de sangre humana encontrados en distintos sectores del vehículo. “Es tremendo”, dijo al salir.

Sin embargo, la evidencia material se mezcló con las imágenes que habían sido exhibidas durante la jornada anterior. Verónica recordó especialmente las filmaciones de Sánchez durante el día posterior a la desaparición de Azul. Para ella, esas imágenes, dijo, no son posibles de conciliar con la hipótesis de una reacción impulsiva o de una emoción violenta.

En las cámaras —interpretó— se lo veía continuar con su rutina, entrar y salir, atender la gomería y moverse con tranquilidad. “Aparentemente, por lo que yo veo, no hubo emoción violenta ahí”, sostuvo.

Y volvió sobre una idea que para ella resulta central: las imágenes muestran a un hombre que continúa llevando a cabo sus actividades después de que Azul ingresó a su vivienda hasta que decide descartar el cuerpo en la madrugada del día siguiente.

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