Las mujeres no aparecen muertas
Silvia Cabañares fue asesinada a puñaladas y descartada en un basural clandestino de Balsa Las Perlas. A la neuquina la encontraron de casualidad el sábado pasado a la tarde, y la fiscalía cipoleña ya tiene a un hombre vinculado al caso, pero mientras tanto se avanza con otras líneas investigativas. No se puede descartar nada; pero, al parecer, los cuerpos de las mujeres sí.
Los titulares se repiten una y otra vez: “Femicidio: apareció una mujer muerta”. Pero no se trata de “el prestigio”, final de un acto de magia, donde la mujer aparece de la nada para dejar a todos impactados.
En estos lares, todo es mucho más simple y macabro; a las mujeres las matan y descartan. Acá, lo temerario y repulsivo está dado en la evolución criminal. Hay un aprendizaje que se está replicando y vemos cómo se viene repitiendo con mayor frecuencia en la región.
Una geografía para el descarte
Para los especialistas en homicidios, tanto investigadores como forenses, la geografía de la región ofrece un sinnúmero de lugares para deshacerse de un cadáver.
La amplia e interminable meseta, los ríos y lagos, y los abundantes basurales clandestinos donde las personas acuden a descartar todo tipo de residuos y lo hacen tan rápido, para no ser descubiertos, que no suelen advertir qué otros deshechos hay en el lugar. Es por eso que el hallazgo de los cuerpos ha sido producto del azar, dado que podrían haber pasado meses e incluso años hasta ser descubiertos.
El dato puede incomodar, pero es parte de una realidad de la que no nos podemos excusar ni mirar para otro lado. Tanto los femicidios como el espanto existen.
Historia del descarte
El verbo descartar es tan sucio e incómodo como preciso. La Real Academia Española recoge dos acepciones muy interesantes: “excluir o eliminar a alguien o algo” y “rechazar, no admitir algo”.
Justamente, el significado da mucho más sentido a la acción que se esgrime con el descarte: eliminar a alguien para no admitir algo.
Pero este tipo de accionar no es nuevo en la región. Si la memoria no me es esquiva, trataré de repasar los descartes más atroces de la región, para luego introducir la visión de los expertos con los que tengo la suerte de dialogar a menudo y analizar estas conductas.
Salvador Pucci fue el primero en implementarlo. En 1989 en Chos Malal, asesinó y descartó a su esposa Sebastiana Lara. Por ese femicidio, al que en ese entonces se le denominaba “uxoricidio”, fue condenado pese a que el cuerpo no fue encontrado.
Pucci se transformó en el primer caso en Neuquén en ser condenado sin cuerpo. El asesino nunca develó el lugar donde lo descartó y los padres de Sebastiana murieron sin poder encontrar a su hija.
Tras recuperar la libertad, Pucci utilizó el mismo método con Miriam Flores en mayo de 2010. En este caso, descartó el cuerpo en un campo de La Pampa y un peón lo encontró de casualidad. Volvió a ser condenado, pero esta vez el femicida optó por suicidarse en su celda.
En Cipolletti, el antecedente más lejano y atroz es el primer triple crimen. Las hermanas María Emilia (24) y Paula González (17) y su amiga Verónica Villar (22) salieron a caminar el 9 de noviembre 1997. Tras hacerles cosas atroces, las asesinaron y descartaron. Fueron dejadas a la vera de las vías del tren y, dos días después, las encontraron de casualidad. Estaban semienterradas.
Solo Claudio Kielmasz fue condenado por el triple femicidio, el que no pudo realizar en absoluta soledad. Su silencio protege y alimenta múltiples hipótesis.
En Neuquén, Alejandra Zarza cursaba un embarazo de ocho meses cuando Nicolás Rinaldi, padre de aquella criatura, la pasó a buscar la noche del 19 de febrero de 2002. La joven fue encontrada una semana después muerta boca abajo en una laguna de una ripiera en Valentina Sur, camino a Balsa Las Perlas.
La querían hacer abortar, pero la resistencia de Alejandra derivó en un final tétrico. Un golpe en la zona lumbar desencadenó el parto y quienes se encargaron de asistirla en forma desmesuradamente violenta fueron sus asesinos. La vaciaron por dentro arrancándole el feto, la placenta y el útero. Los forenses estiman que murió tras quedar inconsciente por el dolor.
Rinaldi fue condenado por partícipe necesario. Todos los pesquisas que trabajaron en el caso están convencidos de que Rinalidi presenció su muerte y concretó el descarte.
Hoy, Rinaldi camina entre nosotros y nunca rompió el silencio.
Lucrecia Lescano había logrado romper el círculo de la violencia y en 2007 se separó de Miguel Armando Salinas. Pese a todo, él la seguía de forma temeraria y perversa.
El 28 de junio de 2008, la pasó a buscar por su trabajo y la degolló.
El descarte lo hizo en inmediaciones de Villa El Chocón en el paraje denominado La Zorra, que se encuentra a la vera de la Ruta 237 entre los kilómetros 1284 y 1285.
El 16 de julio de 2008, un baqueano de casualidad observó, a unos 15 metros de la calzada, un montículo de tierra de donde salían un brazo y parte de una cabeza. Era Lucrecia.
Dado que para sobrevivir, además de ser cajera, Lucrecia era trabajadora sexual, el preconcepto de los jueces derivó en la absolución de Salinas por el beneficio de la duda en 2010.
Cuando el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) ordenó un nuevo juicio, Salinas estaba prófugo. Tras doce años, fue detenido en 2022, después de que LMN diera a conocer la historia del crimen de Lucrecia, y en septiembre de ese año, un jurado popular lo condenó a perpetua.
El 20 de julio 2017, Fernanda Pereyra, de 26 años, estaba embarazada de siete meses. Acababa de regresar a Rincón de los Sauces tras una corta estadía en Mendoza.
Según trascendió en el juicio, Fernanda estaba vinculada a una banda narco, tenía problemas de adicción, por lo que era utilizada como mula y, según se cree, se habría quedado con un vuelto. Tal vez por eso es que por su femicidio no hubo marchas masivas ni organizaciones que se acercaran a la familia.
Esa noche del Día del Amigo, los acusados llamaron por teléfono a Fernanda, la interceptaron y la subieron a una Renault Kangoo. Luego, la asesinaron de cinco a seis puñaladas en la espalda cuando iban camino al lugar del descarte.
Al llegar al kilómetro 6 de la Ruta Provincial 6, la colocaron en el centro de una hoguera construida con leña de álamo, palets y cubiertas. Previamente, la rociaron con combustible y la incineraron.
Fue necesario realizar dos autopsias para confirmar la identidad de la joven. Los asesinos fueron condenados.
El 13 de septiembre de 2019, Cielo López regresó minutos antes de las 20 a su casa tras salir del CPEM 8 en Plottier. Hasta las 3 de la madrugada del 14 de septiembre estuvo con un amigo y luego Alfredo Escobar (32) la pasó a buscar para ir a su casa.
Escobar quiso mantener relaciones sexuales, Cielo se negó y él la violó, posteriormente la golpeó en la cabeza y, según los forenses, su sobrevida fue de unos minutos. Estiman que murió a las 5:52, que fue cuando se apagó su celular.
En el fondo de su casa, Escobar descuartizó a Cielo y tuvo el cuerpo en su poder unas 36 horas. En distintas bolsas de consorcio distribuyó las partes y las llevó en un vehículo hasta la zona de Los Espigones del río Limay en China Muerta, donde las descartó.
Unos pescadores encontraron los restos el domingo 15.
Agostina Gisfman, una joven cipoleña, con problemas de adicción que ejercía la prostitución, tuvo la mala fortuna de cruzarse con personajes muy lumpenes.
El 14 de mayo de 2021, Agostina fue engañada por Gustavo Chianese, quien pactó un encuentro con Juan Carlos Monsalve.
La esposa de Monsalve, Ana María Perales, fue la instigadora del crimen porque vio una foto de Agostina con su esposo en las redes y lo conminó a asesinarla.
La joven fue trasladada en camioneta hasta la zona de la meseta de Centenario, a un basural clandestino donde la asesinarían y descartarían. Los autores están condenados.
Patricia Rendón Rodríguez. El 28 de junio de 2022, la comerciante de 31 años desapareció en Catriel y conmocionó a la localidad. La investigación permitió dar con su ex pareja, Fernando Cronenbold Suárez, que dijo que la habían asesinado narcos y se declaró inocente. Luego se quebró y brindó la ubicación del cuerpo. A 60 kilómetros de Catriel, en la zona del Medanito, estaba semienterrada en medio de la nada.
Para la fiscalía cipoleña, la mató a golpes, la cargó en el baúl de un Fluence y la trasladó hasta la fosa de descarte. Está detenido a la espera del juicio por jurados por femicidio.
Luz y Norma descansaban la madrugada del 12 de febrero de 2023 en Los Hornitos. Jorge Lagos pareja de Norma, violó a Luz y luego la atacó a ella.
A ambas las asesinó a puñaladas; se estimaron unas 50 lesiones a cada mujer. Como Norma era robusta, Lagos resolvió desmembrarla para que se le facilitara el traslado, que concretó en el baúl del Peugeot 205 de Norma y la descartó en un basural clandestino de Plottier donde de casualidad un trabajador de Pluspetrol descubrió los restos.
El mismo destino planeaba para Luz. Pero justo lo sorprendió la hermana de la joven e hija de Norma y, con el arribo de la Policía, Lagos terminó preso y recientemente condenado a perpetua.
Lo único que quiso dejar claro el femicida fue que él no las violó, pero las pericias científicas demostraron todo lo contrario.
Cristina Isabel González. La mujer de 39 años tenía cinco hijos y fue encontrada el 16 de marzo, después de cinco meses, semienterrada en la meseta neuquina, cerca del Mercado Concentrador. Habría sido estrangulada. Su ex, Mario Oscar Gerban, está acusado y detenido por el femicidio.
La teoría del descarte
Cuando los detalles del femicidio de Silvia Cabañares salieron a la luz, comenzaron a ir y venir preguntas. ¿Por qué las descartan? ¿Es solo eliminar un cuerpo que incrimina o hay algo más perverso de fondo? Por suerte, tengo una red de contención para estos saltos al vacío.
Bajo reserva, forenses, perfiladores, investigadores y especialistas cooperaron para intentar esgrimir una posible respuesta a este método que se sigue repitiendo en la región.
Un forense que ha visto cientos de escenas del crimen confirmó un dato objetivo: “En la gran mayoría de los femicidios hay un descarte de los cuerpos. En los últimos años, ha impactado mucho el descuartizamiento y desmembramiento para hacer más sencillo el traslado. También el incinerar los cuerpos para eliminar todo tipo de pruebas”.
Otra fuente forense acostumbrada a los cadáveres afirmó: “El hecho en sí de descartar el cuerpo, en casos de femicidio, me lleva a suponer que al autor del hecho se le cruza por la cabeza que no tiene manera de defenderse tras matar a una mujer. Ahí tiene dos caminos, el suicidio o hacer desaparecer las evidencias, en estos casos, el cuerpo. En un femicidio no hay excusa posible y la condena a perpetua es un motivo suficiente para descartar el cuerpo”.
Casi en el mismo sentido, un pesquisa de esos que cazan a estos asesinos reveló: “El femicida, una vez que concretó el hecho y toma conciencia de la magnitud, busca ocultar el cuerpo para tratar de quedar impune. Hoy tenés dos sentencias duras, la social y la judicial, que es perpetua. Los homicidios de hombres no están mal vistos socialmente y el asesino tiene otras herramientas para defenderse, por eso los cuerpos donde caen, quedan. Pero en un femicidio tratan como sea de que el hecho quede impune, y de ahí todo lo que hacen para ocultar y eliminar el cuerpo”.
Una perfiladora criminal coincide con esta práctica: “Las descartan porque buscan eliminar pruebas. Al estar en los basurales, la descomposición puede ayudar a disfrazar o distorsionar lesiones como a sumar otras dadas por la fauna propia de esos lugares: roedores y perros”.
A estas respuestas, otros forenses que buscan hurgar en la psiquis de los autores me confiaron más datos. “Más allá de la motivación utilitaria del descarte del cuerpo, sería interesante investigar la psiquis. Para eso habría que utilizar la técnica de la entrevista psicológica profunda para ver si hay una motivación suplementaria de placer, por ejemplo, sádico”, dijo un profesional.
Otra especialista analizó: “Previo a cometer el hecho, se da el fenómeno de la cosificación de la mujer, por eso la tiran a la basura o a cualquier otro lugar, porque es una cosa, no un sujeto. Esto conlleva que el valor que tiene ese cuerpo para el asesino sea nulo, es un valor de descarte. También hay algo que tiene que ver con el hacer desaparecer la culpa que está detrás del hecho y de la cosificación”.
Es sumamente interesante la propuesta de indagar en la psiquis de los femicidas, pero lamentablemente hay una gran resistencia, durante la etapa investigativa, por parte de las defensas que ven a las pericias psicológicas como una autoincriminación, por lo que las esquivan con todas las argucias de la ley.
Después, una vez condenados, el tratamiento que debieran recibir el Estado no lo brinda y no suele haber mucha predisposición de parte del femicida para dialogar con los expertos.
Lo que se sabe a grandes rasgos del perfil de los femicidias es que son hombres impulsivos, celosos, posesivos y violentos. Y en la región se observa una precaria conciencia forense, por eso los atrapan.
Las generalizaciones y las conclusiones son peligrosas en fenómenos que tienen continuidad en el tiempo y mutan, pero hasta acá, lo que se observa es que el descarte de los cuerpos es meramente utilitario con la idea de que van a eliminar pruebas que los incriminen. Una vez cometido el crimen, el cuerpo es deshumanizado y entra en juego el instinto de supervivencia, por eso es que se arriesgan a hacer desaparecer el cadáver para intentar zafar de la condena legal y el escarnio social.
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